I
El principio es un delincuente fugitivo.
Una membrana transparente
que se desdibuja temporalmente en tu lengua,
como si adquiriera una curva palpable y viva,
la muerdo
Y me bebo despellejada la sugestión
hasta la última burbuja.
Se muestra entonces la bisilábica anguila
desde su propia hendidura,
donde se unen nuestros pechos,
y se manifiesta entre mis piernas.
Me muerde
Y goza, recreándose en algún oscuro padecimiento.
Se enrosca dentro de tu vientre, cual babosa,
y asoma la mente por la herida, estigma fémina,
mientras ciñes al dolor desde su origen,
negándote a la saliva.
Saliva cáustica que incendia
la tendencia de un sexo rechazado:
un principio sin sabiduría,
un círculo extremadamente blando
En la boca, vigente un orgasmo
una cajita musical entre los muslos
un trozo de pan, mi alimento aliñado.
II
Comienzo a perderme en vapor
Mi piel se engaña con la forma, la tuya,
y me devora el cuerpo que se inflama
con el afán de envolverme, una y otra vez,
y se va consumiendo ante la implacabilidad del sudor
que le concede, sobre el aceite, la danza a las anémonas.
Una implosión alcohólica sin uñas ni dientes,
las encías musgosas y abandonadas
una caverna de humus, y un negro tridente
El animal despierta con la violencia
y la incisión de tus pechos expectantes alertas.
Entonces decido penetrarte desde el tronco del estómago
como si los genitales se unieran a la columna
y te engarzara desde allí,
donde se concentran todas las partes del comienzo,
y se amalgaman a la definición del tiempo.
III
¡No me sorprendas las manos!
Que advierto en relieve las venas de los ojos
y adopto la posición del felino cuando acecha.
No ahondes con los efluvios,
no hay más profundidad que la niñez inicial,
aquella de la primera fragancia,
de la vulva en el árbol, de la sustancia madura.
¡No mires por encima del hombro
ni hagas el gesto de la actriz!
Con el extremo de la lengua y el índice
le arrebatamos al tiempo sus olvidos
y dividimos en dimensiones al espacio.
Nosotros, quienes no existimos
cuando nos introducimos mutuamente
y nos desaparecemos.
IV
Insistir en la cima, en la inalcanzable,
es atravesarme con la voluntad viscosa
hasta ultrajar mis órganos desde adentro.
Y con la yaga abierta, me lames el aire
y te lo llevas. Chupas hasta las paredes
y también te las llevas.
Despojado me miras y no me ves
Ni la vital angustia
que me abraza nerviosa y perfecta el interior,
cuando se escapa espesa la vida.
Un repertorio en tu boca que luego escupes
como si nada valiera.
V
Es verdadero el alcance cuando juntos
nos ponemos en órbita
Mezclarnos indefinidamente entre el aire
y las hebras del marcador de un libro antiguo
Mientras hojeamos a la vida, bailas,
y el cosmos grita sus orgasmos,
gime la vía láctea penetrada por un planeta de goma
de los que cuelgan del techo de mi habitación.
VI
Las ventanas se mojan cuando te aproximas
gotean la madera que es dócil y amplia,
oculta en la veta a un misterioso astrónomo.
Hay un verbo que no deja que me vaya.
Y el gato impávido no le pierde pisada
a la anguila que se menea en el agua caliente
y ronronea sobre un planeta diferente
mientras nosotros seguimos girando y girando.
uw
El principio es un delincuente fugitivo.
Una membrana transparente
que se desdibuja temporalmente en tu lengua,
como si adquiriera una curva palpable y viva,
la muerdo
Y me bebo despellejada la sugestión
hasta la última burbuja.
Se muestra entonces la bisilábica anguila
desde su propia hendidura,
donde se unen nuestros pechos,
y se manifiesta entre mis piernas.
Me muerde
Y goza, recreándose en algún oscuro padecimiento.
Se enrosca dentro de tu vientre, cual babosa,
y asoma la mente por la herida, estigma fémina,
mientras ciñes al dolor desde su origen,
negándote a la saliva.
Saliva cáustica que incendia
la tendencia de un sexo rechazado:
un principio sin sabiduría,
un círculo extremadamente blando
En la boca, vigente un orgasmo
una cajita musical entre los muslos
un trozo de pan, mi alimento aliñado.
II
Comienzo a perderme en vapor
Mi piel se engaña con la forma, la tuya,
y me devora el cuerpo que se inflama
con el afán de envolverme, una y otra vez,
y se va consumiendo ante la implacabilidad del sudor
que le concede, sobre el aceite, la danza a las anémonas.
Una implosión alcohólica sin uñas ni dientes,
las encías musgosas y abandonadas
una caverna de humus, y un negro tridente
El animal despierta con la violencia
y la incisión de tus pechos expectantes alertas.
Entonces decido penetrarte desde el tronco del estómago
como si los genitales se unieran a la columna
y te engarzara desde allí,
donde se concentran todas las partes del comienzo,
y se amalgaman a la definición del tiempo.
III
¡No me sorprendas las manos!
Que advierto en relieve las venas de los ojos
y adopto la posición del felino cuando acecha.
No ahondes con los efluvios,
no hay más profundidad que la niñez inicial,
aquella de la primera fragancia,
de la vulva en el árbol, de la sustancia madura.
¡No mires por encima del hombro
ni hagas el gesto de la actriz!
Con el extremo de la lengua y el índice
le arrebatamos al tiempo sus olvidos
y dividimos en dimensiones al espacio.
Nosotros, quienes no existimos
cuando nos introducimos mutuamente
y nos desaparecemos.
IV
Insistir en la cima, en la inalcanzable,
es atravesarme con la voluntad viscosa
hasta ultrajar mis órganos desde adentro.
Y con la yaga abierta, me lames el aire
y te lo llevas. Chupas hasta las paredes
y también te las llevas.
Despojado me miras y no me ves
Ni la vital angustia
que me abraza nerviosa y perfecta el interior,
cuando se escapa espesa la vida.
Un repertorio en tu boca que luego escupes
como si nada valiera.
V
Es verdadero el alcance cuando juntos
nos ponemos en órbita
Mezclarnos indefinidamente entre el aire
y las hebras del marcador de un libro antiguo
Mientras hojeamos a la vida, bailas,
y el cosmos grita sus orgasmos,
gime la vía láctea penetrada por un planeta de goma
de los que cuelgan del techo de mi habitación.
VI
Las ventanas se mojan cuando te aproximas
gotean la madera que es dócil y amplia,
oculta en la veta a un misterioso astrónomo.
Hay un verbo que no deja que me vaya.
Y el gato impávido no le pierde pisada
a la anguila que se menea en el agua caliente
y ronronea sobre un planeta diferente
mientras nosotros seguimos girando y girando.
uw