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Dando frutos a la tierra

Daniel Borrell

Poeta asiduo al portal
Era un prisma de color
remontando primavera,
donde el agua era fortuita
y su esencia una diadema;
eran cauces que surcaban
por su cuerpo de sirena,
que su valle permisivo
condenaba mi bohemia.
Eran montañas silentes
con sus cumbres indefensas,
invitando a la conquista
para plantar la bandera,
sus rosales afilados
aromaban los poemas
y su sacro bosque amado
esperaba por mi letra.
En su pradera planté
la más fogosa palmera,
con simientes de esperanza
por su surco cual saeta,
en su piel de aguamarina
fui piraña en la marea,
un carnívoro incansable
carcomiendo su pecera.
Hoy las luces ya son otras
aunque sigue la fiereza,
que con su tierno latido
a mi corazón festeja,
hoy las olas se desvelan
en mi costa y en su arena
porque juntos somos mar
dando frutos a la tierra.
 
Precioso romance lleno de figuras y metáforas el que dedicas a tu amada esperando la fructificación de ese amor.

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Era un prisma de color
remontando primavera,
donde el agua era fortuita
y su esencia una diadema;
eran cauces que surcaban
por su cuerpo de sirena,
que su valle permisivo
condenaba mi bohemia.
Eran montañas silentes
con sus cumbres indefensas,
invitando a la conquista
para plantar la bandera,
sus rosales afilados
aromaban los poemas
y su sacro bosque amado
esperaba por mi letra.
En su pradera planté
la más fogosa palmera,
con simientes de esperanza
por su surco cual saeta,
en su piel de aguamarina
fui piraña en la marea,
un carnívoro incansable
carcomiendo su pecera.
Hoy las luces ya son otras
aunque sigue la fiereza,
que con su tierno latido
a mi corazón festeja,
hoy las olas se desvelan
en mi costa y en su arena
porque juntos somos mar
dando frutos a la tierra.
Maravilla de romance, el final, es feliz, y eso me gusta. Un abrazo.
 
Era un prisma de color
remontando primavera,
donde el agua era fortuita
y su esencia una diadema;
eran cauces que surcaban
por su cuerpo de sirena,
que su valle permisivo
condenaba mi bohemia.
Eran montañas silentes
con sus cumbres indefensas,
invitando a la conquista
para plantar la bandera,
sus rosales afilados
aromaban los poemas
y su sacro bosque amado
esperaba por mi letra.
En su pradera planté
la más fogosa palmera,
con simientes de esperanza
por su surco cual saeta,
en su piel de aguamarina
fui piraña en la marea,
un carnívoro incansable
carcomiendo su pecera.
Hoy las luces ya son otras
aunque sigue la fiereza,
que con su tierno latido
a mi corazón festeja,
hoy las olas se desvelan
en mi costa y en su arena
porque juntos somos mar
dando frutos a la tierra.
La belleza constante de la tierra y la forma en que esta nos nutre e inspira, de la cual somos parte del paisaje tanto como ella es parte de nosotros.

Saludos
 
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