Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Son las cinco y no he comido,
qué hambre tengo, ¡cielo santo!
perdonadme por lo tanto
si me veis como impedido.
Necesito un buen cocido,
un descanso de cien días
y un millón de avemarías
para ver cómo me escapo
-sin dejar de ser tan guapo-
de purgar mis fechorías.
Son las cinco y yo a dos velas,
Dios, qué estrés, esto no es vida;
dadme un plato de comida,
pan, cerveza y dos ciruelas.
Olvidad mis corruptelas,
si a mi hermano y a mi esposa
juez alguno les acosa,
lleno todo esto de moros
y le digo a Papá Soros
que os inyecte cualquier cosa.
Son las cinco y no he comido,
pero aun tengo mucha mecha
para darle a la derecha
y a Feijoo su merecido.
Que hasta incluso desnutrido
soy el amo, y os advierto
que jamás me veréis muerto
ni a merced de la justicia;
el poder, más es, más vicia
y entre ciegos reina el tuerto...
qué hambre tengo, ¡cielo santo!
perdonadme por lo tanto
si me veis como impedido.
Necesito un buen cocido,
un descanso de cien días
y un millón de avemarías
para ver cómo me escapo
-sin dejar de ser tan guapo-
de purgar mis fechorías.
Son las cinco y yo a dos velas,
Dios, qué estrés, esto no es vida;
dadme un plato de comida,
pan, cerveza y dos ciruelas.
Olvidad mis corruptelas,
si a mi hermano y a mi esposa
juez alguno les acosa,
lleno todo esto de moros
y le digo a Papá Soros
que os inyecte cualquier cosa.
Son las cinco y no he comido,
pero aun tengo mucha mecha
para darle a la derecha
y a Feijoo su merecido.
Que hasta incluso desnutrido
soy el amo, y os advierto
que jamás me veréis muerto
ni a merced de la justicia;
el poder, más es, más vicia
y entre ciegos reina el tuerto...