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Cuentos para entretener: bucle diabólico

crisantemo

Poeta fiel al portal
Y aparecí como un adacadabra, recostado en la cama de la alcoba, con la memoria de un bebé confuso, y el semblante y las manos sudorosas. Me desplacé del amasijo de sábanas al borde de la cama y bajé los pies a la alfombra. sentí una leve molestia en las cervicales; incliné la cabeza y puse las yemas de los dedos sobre la piel, seguí la línea que va del cuello hasta la nuca y froté acompasadamente la zona.

Me sentí como una marioneta en las manos de un titiritero loco; miré de refilón los objetos de la mesilla, y en un tris se retorcieron de una forma inverosímil, rechinaron herrumbrosos y se fundieron y amalgamaron como si estuvieran hechos de chicle.

Todavía sonámbulo, encendí la luz de la mesilla. La intensa luminosidad de la pantalla me obligó a entrecerrar los ojos; todo lo vi por la rendija que formaron los párpados, mi mirada se convirtió en estroboscópica. El cono de tela empezó un movimiento de rotación y oí una música de carrusel.

Se transformo en una linterna mágica, distintos fotogramas de un mismo perro, con un sombrero de payaso no cesaron de dar el mismo salto repetitivo una y otra vez

Intenté refugiarme en el cuadro, y entonces veinte mil olas saltaron del marco a las baldosas y el velero con ellas. Se hizo grande, muy grande, enorme, y se encastró en la alcoba. Salí a cubierta con la tripulación, bebimos y después cantamos y recordé las canciones que nunca supe y jamás oí.

Acto seguido me encontré atado a un mástil suspendido por encima de los dientes de un tiburón. Me zafé de la cuerda, caí al vacío, y en el momento en que el escualo quiso hincarme el diente, la escena fundió a negro, y aparecí como un adacadabra, recostado en la cama de la alcoba, con la memoria de un bebé confuso, y el semblante y las manos sudorosas.
 
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