carmen viviana
Poeta que considera el portal su segunda casa
Manolito, una véz más, en vez de dirigir sus pasos hacia la escuela, como cien veces le repitiera su mamá, se sacó los
zapatos, se arrolló los pantalones hasta las rodillas, y
ensayando su mejor sonrisa, le dió gracias a la vida por esa
mañana de sol, y entre saltos y silbidos, fue acercándose a la
playa.
Como no habìa traìdo ni caña ni gomera, hizo un nido entre las
piedras y se sentó a jugar a ser un pájaro, entre plumas y
pedregullo.
De a poco se fue hundiendo, de a poco se fue haciendo gaviota, de
a poco se fue adormilando y de repente su pie tropezó con una
hermosa piedra que tenìa todos los colores que él necesitaba, la
piedra que en el hueco de su mano, cuando la soplara, sería el
corazón del pájaro; juntos, libres, sin hambre, sin tristezas,
nubes, cielo, y amor de sal.
Y mientras escarba que te escarba, surge del ya montón de arena y
piedras una peluda araña, que avanza distraìda.
El brinco que pega Manolito fuera del hueco, no tiene nada que
ver con los gráciles pasitos de las aves, y mientras corre hacia
la escuela, mirando hacia atrás, temiendo que la araña pudiera
seguirlo, se promete no volver a anidar.
!Ser pájaro, es demasiado tentador para las arañas!!
Carmen Viviana