Iván Lacayo
Poeta recién llegado
Cuando el hombre se hizo mujer
Alegre el cielo dio su resplandor
En víspera de una calma mañana
Llena de dolor:
El hombre visitó el cielo y
Con el mismo Dios conversó,
Fueron sus lágrimas primero
Las que con sus dedos aparto:
Porque lloras, porque sangras
Fueron sus palabras a verlo Dios:
Triste, acongojado sin su normal furor
El solitario hombre una historia le conto:
Siglos de plegarias seguro has visto
Mas humano, hombre apostólico
Casi santo, hombre que medita en una iglesia
Mientras calma ansias de lujuria con su presa.
Siglos de plegarias has sentido
De pusilánimes y cruentos amigos
Que ofrecen su lucha contigo
Mientras abrazan la daga del enemigo.
Miles de años de amor perdido,
Seguro acompañan tu camino,
Cuando la saña hizo maléficos tratos
Entre feroces hombres y sus dóciles amos.
Desde un día seguro jamás dormiste
En la noche, bajo la luz divina
Cubriste los ruidos de la vida
Con gritos asustados
Por golpes y tratos
De legos y mentecatos.
Hoy vengo ante ti o Dios Mío
Agotado por el camino,
Hasta el cielo subí con una lucha cruenta
Conmigo y mi conciencia,
De mil años a tientas, de muchas plegarias
Asustadas por la violencia:
Para decirte que has hecho conmigo
Dios medito y al hombre quiso responder.
Veraz hermano, la solución es hacerte mujer.
Alegre el cielo dio su resplandor
En víspera de una calma mañana
Llena de dolor:
El hombre visitó el cielo y
Con el mismo Dios conversó,
Fueron sus lágrimas primero
Las que con sus dedos aparto:
Porque lloras, porque sangras
Fueron sus palabras a verlo Dios:
Triste, acongojado sin su normal furor
El solitario hombre una historia le conto:
Siglos de plegarias seguro has visto
Mas humano, hombre apostólico
Casi santo, hombre que medita en una iglesia
Mientras calma ansias de lujuria con su presa.
Siglos de plegarias has sentido
De pusilánimes y cruentos amigos
Que ofrecen su lucha contigo
Mientras abrazan la daga del enemigo.
Miles de años de amor perdido,
Seguro acompañan tu camino,
Cuando la saña hizo maléficos tratos
Entre feroces hombres y sus dóciles amos.
Desde un día seguro jamás dormiste
En la noche, bajo la luz divina
Cubriste los ruidos de la vida
Con gritos asustados
Por golpes y tratos
De legos y mentecatos.
Hoy vengo ante ti o Dios Mío
Agotado por el camino,
Hasta el cielo subí con una lucha cruenta
Conmigo y mi conciencia,
De mil años a tientas, de muchas plegarias
Asustadas por la violencia:
Para decirte que has hecho conmigo
Dios medito y al hombre quiso responder.
Veraz hermano, la solución es hacerte mujer.