danie
solo un pensamiento...
El réquiem esta colmado de feudales,
todos sollozando lagrimas sobre los sedimentos
impíos de mi raciocinio,
los feudales son solos los ancestros de mis recuerdos pasados,
patriarcas perdidos en el lapso sustancial de la vidorria consumida,
erráticas doctrinas de un transeúnte peregrino…
Sentí un gélido céfiro que me sucumbe en mi féretro,
los agnados ni se percatan de mi olvido.
Van y vienen mientras mi cuerpo empalado
despoja la carne de los huesos carcomidos
que caen hasta la cárcava esperando
ser lacrados con la cernida y el lioso manto del beso
perturbador de la escueta Parca.
En el osario fosco ansió por el juicio cadavérico,
fin de la pesadumbre de este mal nacido.
todos sollozando lagrimas sobre los sedimentos
impíos de mi raciocinio,
los feudales son solos los ancestros de mis recuerdos pasados,
patriarcas perdidos en el lapso sustancial de la vidorria consumida,
erráticas doctrinas de un transeúnte peregrino…
Sentí un gélido céfiro que me sucumbe en mi féretro,
los agnados ni se percatan de mi olvido.
Van y vienen mientras mi cuerpo empalado
despoja la carne de los huesos carcomidos
que caen hasta la cárcava esperando
ser lacrados con la cernida y el lioso manto del beso
perturbador de la escueta Parca.
En el osario fosco ansió por el juicio cadavérico,
fin de la pesadumbre de este mal nacido.
Y cuando todo se calma,
una liturgia con el sonido de los campanarios,
marca la transición hacia los pasajes del limbo,
donde el rey sin corona acecha a mi destino;
comenzó a vibrar la tierra y un ruido avasallador
astillo las maderas del ataúd.
¡Era el final que ya sucumbe a mi espíritu!
Mi cuerpo fétido se estremece,
mi aura mórbida se enmudece,
mi mente inmolada por las pusilánimes
defunciones del cuerpo se aclarece…
una liturgia con el sonido de los campanarios,
marca la transición hacia los pasajes del limbo,
donde el rey sin corona acecha a mi destino;
comenzó a vibrar la tierra y un ruido avasallador
astillo las maderas del ataúd.
¡Era el final que ya sucumbe a mi espíritu!
Mi cuerpo fétido se estremece,
mi aura mórbida se enmudece,
mi mente inmolada por las pusilánimes
defunciones del cuerpo se aclarece…
¿Cómo es posible estoy muerto y pienso?
¿Tengo facultades de extinto?
En eso escucho que levantan el féretro,
escucho a las lloronas de siempre gimoteando sin desconsuelo,
lagrimas hipócritas para este cínico suicida,
que de vivo me aborrecieron y de muerto sus llantos se agitan,
que farsantes y beatones son los escrúpulos de la infame vida…
¡Gemebundas cierren el hocico!
Grito con todas mis fuerzas
¡Váyanse al averno malditas arpías!
Yo seguro conoceré los tártaros antes que ellas…
¿Tengo facultades de extinto?
En eso escucho que levantan el féretro,
escucho a las lloronas de siempre gimoteando sin desconsuelo,
lagrimas hipócritas para este cínico suicida,
que de vivo me aborrecieron y de muerto sus llantos se agitan,
que farsantes y beatones son los escrúpulos de la infame vida…
¡Gemebundas cierren el hocico!
Grito con todas mis fuerzas
¡Váyanse al averno malditas arpías!
Yo seguro conoceré los tártaros antes que ellas…
El cielo se renegrea,
el Edén se desmorona,
el camino al vergel se bifurca
por los pedruscos y las muscíneas
de las rapases arpías lisonjeras…
No loes a los muertos que perecieron por su propio sacrificio
¡Yo inmole mi cuerpo pero jamás mi cordura!
Para así estar bien lucido y no ser un mártir más
entre las miserias y los decadentes mortales.
Las campanas dejan de trinar y oigo un silencio perturbador,
y fue cuando pienso una vez más:
ni la farfulla del viento ya me despertara,
entre el sigilo algún linaje extraño me albergara,
algunos proscriptos de la tierra de los vivos,
algunos nómadas destinados a deambular.
Un vacio en la razón me fenece
y caigo, me hundo hasta lo recóndito del meollo del cuerpo,
lapso infinito que perdura perennemente,
más allá de la propia razón del subconsciente,
caigo allá donde el hombre no hallo ni la memoria,
ni su rastro en el efímero tiempo.
Batallas ganadas, proezas sin cumplir,
tierras desterradas o haciendas conquistadas,
reyes y mendigos, esclavos y soldados;
todo alude a la nada,
acá todo es igual, todo se mide con el mismo báculo,
no importa los patrimonios alzados en tu vida terrenal,
no necesitas ningún óbolo para viajar…
Solo percátate de tener un legado para que puedas decir
¡Yo existí y fui mortal!
el Edén se desmorona,
el camino al vergel se bifurca
por los pedruscos y las muscíneas
de las rapases arpías lisonjeras…
No loes a los muertos que perecieron por su propio sacrificio
¡Yo inmole mi cuerpo pero jamás mi cordura!
Para así estar bien lucido y no ser un mártir más
entre las miserias y los decadentes mortales.
Las campanas dejan de trinar y oigo un silencio perturbador,
y fue cuando pienso una vez más:
ni la farfulla del viento ya me despertara,
entre el sigilo algún linaje extraño me albergara,
algunos proscriptos de la tierra de los vivos,
algunos nómadas destinados a deambular.
Un vacio en la razón me fenece
y caigo, me hundo hasta lo recóndito del meollo del cuerpo,
lapso infinito que perdura perennemente,
más allá de la propia razón del subconsciente,
caigo allá donde el hombre no hallo ni la memoria,
ni su rastro en el efímero tiempo.
Batallas ganadas, proezas sin cumplir,
tierras desterradas o haciendas conquistadas,
reyes y mendigos, esclavos y soldados;
todo alude a la nada,
acá todo es igual, todo se mide con el mismo báculo,
no importa los patrimonios alzados en tu vida terrenal,
no necesitas ningún óbolo para viajar…
Solo percátate de tener un legado para que puedas decir
¡Yo existí y fui mortal!
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