Me permito una pequeña licencia humorística que puede -y debiera- ser interpretada como un angustioso vacío de "vis poética", como una ausencia total de drama o conflicto espiritual que de densidad a un poema. En definitiva, estos versos son unas risas de payaso...
COSMOGONÍA SIDERAL
(con una pretenciosamente jocosa rima)
Desde las greñas airadas
de las grandes testas cósmicas
pequeñas piedras ruidosas
balancean los reflejos
circunflejos
sobre remotos espejos
de híspidos entrecejos
casi pálidos bermejos
de los ausentes conejos
que desfilan desparejos
viendo crecer los cangrejos
sobre frágiles aparejos
habitados por vencejos
con populares gracejos
de viejos
y zagalejos.
Ruidos de piedras que en su noche
fueron ojos de polifemos antiguos
planetas de ínfima órbita
lágrimas desprendidas
de los hielos maculados
piedras de sollozo solitario
piedras con sombrero y bigudí
para ensortijar los musgos
en los inviernos precoces.
Recorridas en el fragor de la galerna
por el rayo incandescente
que nace en el puerto azul
que emerge
-todavía y a pesar-
de las mareas espantosas
de hierro y de agapantos blancos.
Flor del amor y curvos puñales
en connivencia obligada
rematan olas de cresterías japonesas
enviadas desde el orto
para acallar los rojos
murmullos de las piedras.
Como parto de los montes abisales
fruto de la coyunda
de cósmicos dioses ardientes
ha nacido un frágil cometa.
COSMOGONÍA SIDERAL
(con una pretenciosamente jocosa rima)
Desde las greñas airadas
de las grandes testas cósmicas
pequeñas piedras ruidosas
balancean los reflejos
circunflejos
sobre remotos espejos
de híspidos entrecejos
casi pálidos bermejos
de los ausentes conejos
que desfilan desparejos
viendo crecer los cangrejos
sobre frágiles aparejos
habitados por vencejos
con populares gracejos
de viejos
y zagalejos.
Ruidos de piedras que en su noche
fueron ojos de polifemos antiguos
planetas de ínfima órbita
lágrimas desprendidas
de los hielos maculados
piedras de sollozo solitario
piedras con sombrero y bigudí
para ensortijar los musgos
en los inviernos precoces.
Recorridas en el fragor de la galerna
por el rayo incandescente
que nace en el puerto azul
que emerge
-todavía y a pesar-
de las mareas espantosas
de hierro y de agapantos blancos.
Flor del amor y curvos puñales
en connivencia obligada
rematan olas de cresterías japonesas
enviadas desde el orto
para acallar los rojos
murmullos de las piedras.
Como parto de los montes abisales
fruto de la coyunda
de cósmicos dioses ardientes
ha nacido un frágil cometa.