Darío Nervo
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Existen tantas cosas sin un nombre
en los cuartos indecisos de la gente!.
las miro con sus voces amarradas
colgando sus asombros de mis ojos;
descuidos y lociones sin censuras,
objetos sin finales ni comienzos.
Navajas que descansan
en un pecho
sin sangre, sin infancia o sin entierro,
palomas recortadas de mañanas
y a veces destapadas ilusiones
con un olor a ausencia en las almohadas.
¡Existen tantas gentes sin un nombre
en las cosas indecisas de los cuartos!;
la noche, por ejemplo amigos míos,
reposa
con su carne descubierta
debajo del origen de unos brazos,
en esas habitaciones sin cerrojos,
sin puertas o hendiduras
donde la sombra de un gato penetra;
existen:
los ungüentos con olores a distancia,
y un sexo que se estanca en las botellas
muy lejos del alcance de los hombres.
¡Existen indecisos en las cosas
sin gente, en los tantos nombres de sus cuartos!
esposos calcinados de coraje
que hierven sus palabras sin descanso,
por ver yacer su sexo de vergüenzas
al lado de una prenda sin mujer.
Miro con el alma disgustada
las cosas tan extrañas
que juntan los silencios
a mi oído:
Por ejemplo, Avemarías
empañadas en el vidrio
subidas en los dedos
precoces de otras manos
y en una misma hora sin descuidos
mujeres apiladas de ansiedades
buscando carruseles en sus camas.
¡Existen tantos nombres indecisos
en las cosas de la gente sin un cuarto!
(Por eso nunca entro sin los pantalones de sus dueños)