guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
La sangre se filtraba entre sus dientes
cayendo por el pecho y vientre,
formando oscuros ríos carmesís
hasta perderse en la banalidad de su sexo.
La sangre brotaba y no era suya,
no salía de esos elásticos tubos llamados venas,
salía de su boca, de su esófago, de su estómago.
La sangre salía y era infectada por los átomos de un oxigeno
que estaba viciado por la belleza de la locura.
Había ingerido, con pensamientos y labios,
el corazón del ser que amaba inexorablemente,
ese órgano que tarda veintiún días en dar latidos
y que se quiebra en un segundo cuando la ingenuidad fallece.
cayendo por el pecho y vientre,
formando oscuros ríos carmesís
hasta perderse en la banalidad de su sexo.
La sangre brotaba y no era suya,
no salía de esos elásticos tubos llamados venas,
salía de su boca, de su esófago, de su estómago.
La sangre salía y era infectada por los átomos de un oxigeno
que estaba viciado por la belleza de la locura.
Había ingerido, con pensamientos y labios,
el corazón del ser que amaba inexorablemente,
ese órgano que tarda veintiún días en dar latidos
y que se quiebra en un segundo cuando la ingenuidad fallece.