Daniii_Poeta
El poeta de las verdades
Me dijeron:
“Olvida lo que sientes,
siente lo que te conviene”.
Y fui enterrando latidos
como si el alma fuera un estorbo
y no un faro.
Me aconsejaron:
“No ames tanto, que duele;
no pienses tanto, que cansa”.
Y me hice piedra por obediencia,
pero dentro…
dentro el río seguía gritando.
Me susurraron:
“Sé fuerte, aunque te rompas”.
Y entonces fingí ser estatua
mientras las grietas se multiplicaban
como verdades no dichas
bajo la lengua del tiempo.
Me gritaron:
“¡Sigue el camino más corto!”.
Y terminé lejos de mí,
con el mapa del mundo
pero sin el de mi pecho.
Aprendí —a golpes suaves,
esos que no dejan moretón
pero sí memoria—
que el consejo que niega el alma
es un veneno disfrazado de sabiduría.
Hoy, en el silencio,
he desobedecido.
Y en esa herejía del alma,
he comenzado a vivir.
Y qué ironía, ¿no?,
que los peores consejos
vengan con voz serena
y palabras bonitas,
como si la mentira supiera
vestirse de sabiduría.
Me dijeron que no llore,
que los hombres se tragan el dolor.
Y lo hice…
pero el alma no se traga nada,
el alma mastica en silencio
y después escupe poemas
como este.
Me aconsejaron madurar deprisa,
ser fuerte, frío, intocable.
Pero nadie me advirtió
que madurar sin ternura
es como crecer sin raíces:
uno se convierte en árbol seco
aunque dé sombra.
Fui un esclavo de palabras ajenas,
un obediente del miedo ajeno,
un reflejo que no era mío
pero sonreía como si lo fuera.
Y sin embargo…
aún dentro del error,
brotó una raíz.
Una semilla que no entendió las órdenes,
una rebeldía sagrada que dijo:
“Esto no sos vos. Volvé.”
Y volví.
No a los caminos fáciles,
sino al mío.
Al barro de mis emociones,
al abismo de mis preguntas,
al temblor que me hace humano
y me hace libre.
Derechos de autor
~Daniii
“Olvida lo que sientes,
siente lo que te conviene”.
Y fui enterrando latidos
como si el alma fuera un estorbo
y no un faro.
Me aconsejaron:
“No ames tanto, que duele;
no pienses tanto, que cansa”.
Y me hice piedra por obediencia,
pero dentro…
dentro el río seguía gritando.
Me susurraron:
“Sé fuerte, aunque te rompas”.
Y entonces fingí ser estatua
mientras las grietas se multiplicaban
como verdades no dichas
bajo la lengua del tiempo.
Me gritaron:
“¡Sigue el camino más corto!”.
Y terminé lejos de mí,
con el mapa del mundo
pero sin el de mi pecho.
Aprendí —a golpes suaves,
esos que no dejan moretón
pero sí memoria—
que el consejo que niega el alma
es un veneno disfrazado de sabiduría.
Hoy, en el silencio,
he desobedecido.
Y en esa herejía del alma,
he comenzado a vivir.
Y qué ironía, ¿no?,
que los peores consejos
vengan con voz serena
y palabras bonitas,
como si la mentira supiera
vestirse de sabiduría.
Me dijeron que no llore,
que los hombres se tragan el dolor.
Y lo hice…
pero el alma no se traga nada,
el alma mastica en silencio
y después escupe poemas
como este.
Me aconsejaron madurar deprisa,
ser fuerte, frío, intocable.
Pero nadie me advirtió
que madurar sin ternura
es como crecer sin raíces:
uno se convierte en árbol seco
aunque dé sombra.
Fui un esclavo de palabras ajenas,
un obediente del miedo ajeno,
un reflejo que no era mío
pero sonreía como si lo fuera.
Y sin embargo…
aún dentro del error,
brotó una raíz.
Una semilla que no entendió las órdenes,
una rebeldía sagrada que dijo:
“Esto no sos vos. Volvé.”
Y volví.
No a los caminos fáciles,
sino al mío.
Al barro de mis emociones,
al abismo de mis preguntas,
al temblor que me hace humano
y me hace libre.
Derechos de autor
~Daniii