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Con vistas al mar

Teo Moran

Poeta fiel al portal

Cae la lluvia fría sin ambages ni promesas,
se desmorona incesante desde los tejados
con la fiereza de un embravecido río
que tras el descenso se sosiega en los charcos,
en los colgaderos vacíos y en el alféizar,
mas se desliza indolora en el macetero viejo
dando vida a las flores mustias del ayer.
Llueve desde un cielo quebrado por las nubes,
desnudo y sin alardes se desahoga en la calle
y de la nada, las huellas de unas pisadas ligeras
suenan en la acera ajada y descolorida
y éstas sutiles alcanzan la entrada del bar,
el humo de un cigarro en una boca pintada
que felizmente ríe sin saber muy bien porque.
Hay rostros desfigurados tras las ventanas
con la mirada perdida sobre la tormenta,
luces de neón en un hogar donde la vida declina
entre camas desechas y la nevera vacía,
el ajuar para un corazón que no deja de sangrar
frente al cristal húmedo del recuerdo,
pero ya no hay príncipes, solo caballeros de a pie,
nostálgicos de guerras perdidas y pasadas
que luchan en oscuros rincones y calles mojadas
con las corazas hechas a la medida del corazón,
son paladines de palabra errática y discurso torpe
que llevan en los ojos las marcas de una triste vejez.
Llueve hace tanto tiempo dentro del alma
que el sol solo puede ser la luz de una luciérnaga,
llueve y llueve inundando cada promesa,
cada objeto cotidiano, cada gesto y cada risa,
inunda al recuerdo con gotas cristalinas
y al latido febril con truenos y tormentas,
llueve con la voluntad de tiempos lejanos
allí donde el valle germina y se hace trigo,
allí donde la acera gris es la vereda del río
y las ventanas opacas tienen vistas al mar,
hoy llueve sobre toda esa gente anónima
que lleva el amor a la medida de su corazón.
 
Cae la lluvia fría sin ambages ni promesas,
se desmorona incesante desde los tejados
con la fiereza de un embravecido río
que tras el descenso se sosiega en los charcos,
en los colgaderos vacíos y en el alféizar,
mas se desliza indolora en el macetero viejo
dando vida a las flores mustias del ayer.
Llueve desde un cielo quebrado por las nubes,
desnudo y sin alardes se desahoga en la calle
y de la nada, las huellas de unas pisadas ligeras
suenan en la acera ajada y descolorida
y éstas sutiles alcanzan la entrada del bar,
el humo de un cigarro en una boca pintada
que felizmente ríe sin saber muy bien porque.
Hay rostros desfigurados tras las ventanas
con la mirada perdida sobre la tormenta,
luces de neón en un hogar donde la vida declina
entre camas desechas y la nevera vacía,
el ajuar para un corazón que no deja de sangrar
frente al cristal húmedo del recuerdo,
pero ya no hay príncipes, solo caballeros de a pie,
nostálgicos de guerras perdidas y pasadas
que luchan en oscuros rincones y calles mojadas
con las corazas hechas a la medida del corazón,
son paladines de palabra errática y discurso torpe
que llevan en los ojos las marcas de una triste vejez.
Llueve hace tanto tiempo dentro del alma
que el sol solo puede ser la luz de una luciérnaga,
llueve y llueve inundando cada promesa,
cada objeto cotidiano, cada gesto y cada risa,
inunda al recuerdo con gotas cristalinas
y al latido febril con truenos y tormentas,
llueve con la voluntad de tiempos lejanos
allí donde el valle germina y se hace trigo,
allí donde la acera gris es la vereda del río
y las ventanas opacas tienen vistas al mar,
hoy llueve sobre toda esa gente anónima
que lleva el amor a la medida de su corazón.
Mucha melancolía, nostalgia y esperanza perdida.

Saludos
 
Cae la lluvia fría sin ambages ni promesas,
se desmorona incesante desde los tejados
con la fiereza de un embravecido río
que tras el descenso se sosiega en los charcos,
en los colgaderos vacíos y en el alféizar,
mas se desliza indolora en el macetero viejo
dando vida a las flores mustias del ayer.
Llueve desde un cielo quebrado por las nubes,
desnudo y sin alardes se desahoga en la calle
y de la nada, las huellas de unas pisadas ligeras
suenan en la acera ajada y descolorida
y éstas sutiles alcanzan la entrada del bar,
el humo de un cigarro en una boca pintada
que felizmente ríe sin saber muy bien porque.
Hay rostros desfigurados tras las ventanas
con la mirada perdida sobre la tormenta,
luces de neón en un hogar donde la vida declina
entre camas desechas y la nevera vacía,
el ajuar para un corazón que no deja de sangrar
frente al cristal húmedo del recuerdo,
pero ya no hay príncipes, solo caballeros de a pie,
nostálgicos de guerras perdidas y pasadas
que luchan en oscuros rincones y calles mojadas
con las corazas hechas a la medida del corazón,
son paladines de palabra errática y discurso torpe
que llevan en los ojos las marcas de una triste vejez.
Llueve hace tanto tiempo dentro del alma
que el sol solo puede ser la luz de una luciérnaga,
llueve y llueve inundando cada promesa,
cada objeto cotidiano, cada gesto y cada risa,
inunda al recuerdo con gotas cristalinas
y al latido febril con truenos y tormentas,
llueve con la voluntad de tiempos lejanos
allí donde el valle germina y se hace trigo,
allí donde la acera gris es la vereda del río
y las ventanas opacas tienen vistas al mar,
hoy llueve sobre toda esa gente anónima
que lleva el amor a la medida de su corazón.
Me ha gustado mucho tu poema. Gracias por compartir.
 
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