prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
A veces abandono mi cuarto
cuando acabo de inhalar el humo de varios libros del suicidio
quemados porque no sirven
y empiezo a cavar en el jardín,
descubro los huesos de mi perro, los ordeno en la posición del salto
y arrojo mi alma como a una pelota de peluche embalada en tétano,
la arrojo con la técnica especial de los que saben
pescar a fondo en lagos turbios
catapultando las hélices de plomo
por encima de la niebla
entre los muñones de los sauces del sadismo con el que el sol se despereza.
Tú, amor, sabrás oler
los intestinos de las carpas,
el templo de las agujas en mi boca;
A veces abandono mi cuarto
y cumplo con el ritual de las cosas inhumanas
por donde adelgazan los arrecifes,
renuevo la lentitud con la que la existencia se viste de hormiga
y vuelvo a los libros
con las cuencas de otro hombre.
cuando acabo de inhalar el humo de varios libros del suicidio
quemados porque no sirven
y empiezo a cavar en el jardín,
descubro los huesos de mi perro, los ordeno en la posición del salto
y arrojo mi alma como a una pelota de peluche embalada en tétano,
la arrojo con la técnica especial de los que saben
pescar a fondo en lagos turbios
catapultando las hélices de plomo
por encima de la niebla
entre los muñones de los sauces del sadismo con el que el sol se despereza.
Tú, amor, sabrás oler
los intestinos de las carpas,
el templo de las agujas en mi boca;
A veces abandono mi cuarto
y cumplo con el ritual de las cosas inhumanas
por donde adelgazan los arrecifes,
renuevo la lentitud con la que la existencia se viste de hormiga
y vuelvo a los libros
con las cuencas de otro hombre.
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