Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Comunes los infiernos
Por las gotas del agua
y en el centro desnudo,
no me dejo la parca,
que mi charca es ser nudo,
navegar y ser barca
del marino en el mundo.
Cuántas cosas y casos
fueron paso a la cuesta;
por no ver los ocasos
de mi vida es la resta.
Tantos logros, fracasos,
los intentos que adiestran,
y renuncian cadalsos,
guillotinas y fiestas.
Me consumo sin verme
la campana más santa;
por mis venas revuelve
el misterio que espanta,
a la sangre que suele
aromar la garganta.
Cuando dios hizo el mundo,
este mundo inventado,
conoció el infortunio,
y el azar fue el arado.
Labrador de las cruces
le llamaron los tiempos;
boca abajo los surcos,
semejantes de bruces,
los mismísimos templos
todos llenos de trucos.
¡Ay de mí!, gravedad
¡Ay de mí!, cono viejo
¡Ay de mi soledad!
¡Ay de mí, sueño cierto!
Soy el monte y el agua,
soy el fuego y el río,
el mar que no se acaba,
espacio comprendido,
marea alunizada
y en materia consumido.
Humedad me destierra
abismos del licor,
la copa sea la gloria
vertida toda en tierra;
la falta de memoria
me vuelva al exterior.
La luz aún se dobla
y quiere apercibir,
diciendo al día... ¡Cubra,
la noche al recibir!
Las tinieblas desmayo
nos contienen por ciegos;
quiero verme de mayos,
que flores son los cielos,
donde son todos tocayos
y comunes los infiernos.
Por las gotas del agua
y en el centro desnudo,
no me dejo la parca,
que mi charca es ser nudo,
navegar y ser barca
del marino en el mundo.
Cuántas cosas y casos
fueron paso a la cuesta;
por no ver los ocasos
de mi vida es la resta.
Tantos logros, fracasos,
los intentos que adiestran,
y renuncian cadalsos,
guillotinas y fiestas.
Me consumo sin verme
la campana más santa;
por mis venas revuelve
el misterio que espanta,
a la sangre que suele
aromar la garganta.
Cuando dios hizo el mundo,
este mundo inventado,
conoció el infortunio,
y el azar fue el arado.
Labrador de las cruces
le llamaron los tiempos;
boca abajo los surcos,
semejantes de bruces,
los mismísimos templos
todos llenos de trucos.
¡Ay de mí!, gravedad
¡Ay de mí!, cono viejo
¡Ay de mi soledad!
¡Ay de mí, sueño cierto!
Soy el monte y el agua,
soy el fuego y el río,
el mar que no se acaba,
espacio comprendido,
marea alunizada
y en materia consumido.
Humedad me destierra
abismos del licor,
la copa sea la gloria
vertida toda en tierra;
la falta de memoria
me vuelva al exterior.
La luz aún se dobla
y quiere apercibir,
diciendo al día... ¡Cubra,
la noche al recibir!
Las tinieblas desmayo
nos contienen por ciegos;
quiero verme de mayos,
que flores son los cielos,
donde son todos tocayos
y comunes los infiernos.