Era tan pequeña y frágil,
pero con un volcán
en su interior,
que la impulsaba a conocer,
a experimentar,
lo que había a su alrededor.
Sus padres, eran su dios,
hechos de barro y flaquezas,
pero nunca la importó
porque cuando abría los ojos,
les descubría con la mejor sonrisa
haciendo frente al cotidiano dolor.
Y buscaba en el aire
las respuestas
que los mayores no contestaban.
Se planteaba dilemas
que eran escuchados
por alguna distraída rana
cuando salía de la escuela
y por el parque caminaba.
Era feliz, sin saber
qué significaba esa palabra,
mientras al sol
le echaba en cara
que se retirase tan pronto,
que fuera cobarde y pusilánime,
dejando que la luna le ganara.
Así, en sus sueños,
unas veces era un hada,
liviana como un suspiro,
un tanto revoltosa,
que a los mortales
hacía trastadas.
Pero la mayor de las veces,
se imaginaba
como la sombra de sus padres,
sobre los que se inclinaba
y eternamente, abrazaba.
pero con un volcán
en su interior,
que la impulsaba a conocer,
a experimentar,
lo que había a su alrededor.
Sus padres, eran su dios,
hechos de barro y flaquezas,
pero nunca la importó
porque cuando abría los ojos,
les descubría con la mejor sonrisa
haciendo frente al cotidiano dolor.
Y buscaba en el aire
las respuestas
que los mayores no contestaban.
Se planteaba dilemas
que eran escuchados
por alguna distraída rana
cuando salía de la escuela
y por el parque caminaba.
Era feliz, sin saber
qué significaba esa palabra,
mientras al sol
le echaba en cara
que se retirase tan pronto,
que fuera cobarde y pusilánime,
dejando que la luna le ganara.
Así, en sus sueños,
unas veces era un hada,
liviana como un suspiro,
un tanto revoltosa,
que a los mortales
hacía trastadas.
Pero la mayor de las veces,
se imaginaba
como la sombra de sus padres,
sobre los que se inclinaba
y eternamente, abrazaba.