IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Envenenado por el don del placer,
con seguridad caigo,
a los umbrales del infortunio,
aquí los cielos son grises,
pero no se observan,
aquí los suelos son espejos,
que se quiebran con culpa,
aquí el aire raspa toda víscera,
aquí el tiempo es clavo de dios,
y el viento es voluntad de guadaña,
aquí los miedos se materializan,
bailando con el deseo,
en la cornisa de la incertidumbre,
seguiremos caminando,
pese a las tormentas de sueños podridos,
ajenos a los nuestros,
pero tan pesados,
tomaremos el camino más largo,
para ir olvidando en el transcurso,
nuestros pesares,
nuestros males necesarios,
seguirá la noche susurrándonos,
como si estuviésemos dormidos,
como si nadie nos pudiera salvar.
con seguridad caigo,
a los umbrales del infortunio,
aquí los cielos son grises,
pero no se observan,
aquí los suelos son espejos,
que se quiebran con culpa,
aquí el aire raspa toda víscera,
aquí el tiempo es clavo de dios,
y el viento es voluntad de guadaña,
aquí los miedos se materializan,
bailando con el deseo,
en la cornisa de la incertidumbre,
seguiremos caminando,
pese a las tormentas de sueños podridos,
ajenos a los nuestros,
pero tan pesados,
tomaremos el camino más largo,
para ir olvidando en el transcurso,
nuestros pesares,
nuestros males necesarios,
seguirá la noche susurrándonos,
como si estuviésemos dormidos,
como si nadie nos pudiera salvar.