Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como Pasa el Tiempo
Son curiosos los cambios que hace el tiempo, que siempre se repite, y como vuelven las estaciones, que no son exactamente iguales, pero tienen las mismas esencias, al igual que la historia. Es verdad, que no todo es igual a simple vista, lo único que cambia es la forma, sus átomos son los mismos. Lo más curioso es como nos altera el tiempo en nuestros cuerpos y en la mentalidad, en un avatar inseparable: Tiempo y cambio superficial, Cuerpo y mente. Tenemos un camino, que hacemos nosotros, pero que nos vemos obligados a recorrer y que al final es siempre lo mismo, el camino al lado del riachuelo de cuando eras niño.
De niños correteamos todos por los ríos, y sin pudor ni miedo más que al coco o a que nos caigamos, corremos por él hasta desnudos, como los animales: naturales y realistas. Nos da igual el pudor o el chillido de la madre o el padre. Nos creemos dueños de nosotros y todo nos da igual. Lo importante es vivir y correr como el viento, aunque nos caigamos y lloremos. A las niñas las asqueamos y las veamos algo extrañas, pues están desnudas y de lo que nos da lo mismo, porque, eso más en naturaleza, nos hace ver algo fuera de nuestro pequeñín micro-cosmos que todavía tenemos instaurados en nuestras pueriles mentes.
Cuando pasa el tiempo, sin saberlo, nos cambiamos pero creemos ser los mismos. Luego, al darnos cuenta, nos sorprendemos con una nostalgia que ahogamos aunque no reneguemos de lo que somos ahora. Los ojos no pueden dejar de ver, ni de recordar, lo que pasa sin verlo, como el viento.
Ahora, nos vestimos en el río no vaya ser que nos piquen o nos vea alguien. Ahora, aunque dejamos los sueños idiotas de los niños, soñamos con el mismo nivel sobre nuestro futuro, ahora, visto más a corto plazo que largo que cuando éramos unos guajines de dos palmos. Nos volvemos unos idealistas que revolvemos la realidad a nuestro gusto ególatra y egocéntrico. No nos volvemos más sabios, no para nada más al revés, sino cobardes. No podemos llorar cuando nos duele algo físico, sino cuando no queremos llorar.
Pero lo que más nos diferencia, es que si antes asqueamos de la niña, ahora mujer, en este momento lo que queremos es verlas puerilmente desnuditas de arriba abajo como cuando jugaban con nosotros en el mismo río. No es tan diferente, es querer jugar al mismo juego de pillar de cuando éramos niños, más concretamente a la que siempre se ríe de ti pero luego cuando nos caemos, corre a hacer de impróvida enfermera. A diferencia, ahora, es más como si fuéramos Apolo y Dafne. Corre tú, ahora yo.
La misma sonrisa idiota, somos el mismo niño que quiere corretear sin miedo, pero que ya no ve el mundo con los ojos pueriles del inocente niño, que ve el mundo como lo que es, sin las preocupaciones del mañana, vive el hoy, y el mañana dará todo igual. Dafne, la niña desnuda, se convertirá en un laurel si no corremos. En este mundo y en la naturaleza, sólo cambian las formas, pero siempre es la misma historia, pero con otro tiempo, lugar y nombres. Y no hace falta aprender nada para verlo; hay cosas que no se aprenden ni debieran, sino ver como es el mundo.