• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Coliseo

danie

solo un pensamiento...
Miren el horizonte,
el límite de la tierra y el cielo…
Allá a lo lejos
pero no tan distante de tu sombra,
el averno ha erguido su Coliseo
sobre la mustia languidez de ángeles muertos,
sobre un panorama de entrañas
expuestas de una ciudad.
En una arista sombría
con una sonrisa sardónica,
el patíbulo ejecuta a los sueños de un urbanismo
con el pulgar bajo de un juez redentor.
Un corregidor de las urbes de larvas
que someten a los huesos de la nueva Pompeya,
a la meretriz de Sodoma,
a la gula, ebriedad
y avaricia de Gomorra,
pecaminosa mortaja
del bálsamo de un humanismo.

Miren la sangre derramada
por la ortodoxia
y su mano tiznada
que extirpa las tripas ardiendo en fuego
de esos difuntos de fidedigna creencia.

Vean al colosal anfiteatro,
una necrópolis extravagante
que aterra al mismo rostro del destierro.
Un hemiciclo de poder y corrupción,
un lugar imperecedero
para los errabundos sin alma y en pena,
para los mediáticos deseos del germen
y su polución.
Un recinto de catedrales vacías,
de mitos hipocondriacos
que devoran los segundos del tiempo
y bautizan con sus ídolos de légamo y greda
las simientes filantrópicas y altruistas.
En este inhóspito emporio
solo hay llanto y cadenas
para los peregrinos del nuevo mundo.
Es que ahí,
toda alma descansa su tiempo eterno,
no hay santos,
ángeles ni demonios,
todos son mártires de Luzbel.

En ese Coliseo las puertas se abren
y los telones se pliegan;
debajo de las gradas
se encuentra el senado:
lémures,
sátiros
y espectros de un pasado gélido
que escribieron con sangre
los libros de la historia del hombre.
Más arriba,
en los altillos:
se encuentran los padres,
hermanos,
amigos,
todos aquellos que alguna vez conocimos
y hoy vemos como fieras
con ansias de saciar su sed de sangre.
Por las bajas arenas
deambulan los peregrinos de un sueño mortal,
los sonámbulos
y sus calcáreos pasos de un presente;
pisan fuerte en los campos
donde los héroes perecieron
bajo la túnica de profanada gloria.

Deponiendo a la cruz
esta el nuevo emblema de las cenizas
de un triste cristianismo.
Es la insignia del Cesar,
del rey Minos,
del inescrupuloso cancerbero,
heraldo del antro de la misma perdición

No alucino,
no divago ni miento,
allá en el horizonte,
allá a lo lejos
pero no tan distante de tu sombra,
se ve nítidamente que se alza un Coliseo
destronado de las nubes del cielo,
y tu mirada perturbada
sabe que ya no hay un lugar
en la distante,
fría y mundana tierra.
 
Miren el horizonte,
el límite de la tierra y el cielo…
Allá a lo lejos
pero no tan distante de tu sombra,
el averno ha erguido su Coliseo
sobre la mustia languidez de ángeles muertos,
sobre un panorama de entrañas
expuestas de una ciudad.
En una arista sombría
con una sonrisa sardónica,
el patíbulo ejecuta a los sueños de un urbanismo
con el pulgar bajo de un juez redentor.
Un corregidor de las urbes de larvas
que someten a los huesos de la nueva Pompeya,
a la meretriz de Sodoma,
a la gula, ebriedad
y avaricia de Gomorra,
pecaminosa mortaja
del bálsamo de un humanismo.

Miren la sangre derramada
por la ortodoxia
y su mano tiznada
que extirpa las tripas ardiendo en fuego
de esos difuntos de fidedigna creencia.

Vean al colosal anfiteatro,
una necrópolis extravagante
que aterra al mismo rostro del destierro.
Un hemiciclo de poder y corrupción,
un lugar imperecedero
para los errabundos sin alma y en pena,
para los mediáticos deseos del germen
y su polución.
Un recinto de catedrales vacías,
de mitos hipocondriacos
que devoran los segundos del tiempo
y bautizan con sus ídolos de légamo y greda
las simientes filantrópicas y altruistas.
En este inhóspito emporio
solo hay llanto y cadenas
para los peregrinos del nuevo mundo.
Es que ahí,
toda alma descansa su tiempo eterno,
no hay santos,
ángeles ni demonios,
todos son mártires de Luzbel.

En ese Coliseo las puertas se abren
y los telones se pliegan;
debajo de las gradas
se encuentra el senado:
lémures,
sátiros
y espectros de un pasado gélido
que escribieron con sangre
los libros de la historia del hombre.
Más arriba,
en los altillos:
se encuentran los padres,
hermanos,
amigos,
todos aquellos que alguna vez conocimos
y hoy vemos como fieras
con ansias de saciar su sed de sangre.
Por las bajas arenas
deambulan los peregrinos de un sueño mortal,
los sonámbulos
y sus calcáreos pasos de un presente;
pisan fuerte en los campos
donde los héroes perecieron
bajo la túnica de profanada gloria.

Deponiendo a la cruz
esta el nuevo emblema de las cenizas
de un triste cristianismo.
Es la insignia del Cesar,
del rey Minos,
del inescrupuloso cancerbero,
heraldo del antro de la misma perdición

No alucino,
no divago ni miento,
allá en el horizonte,
allá a lo lejos
pero no tan distante de tu sombra,
se ve nítidamente que se alza un Coliseo
destronado de las nubes del cielo,
y tu mirada perturbada
sabe que ya no hay un lugar
en la distante,
fría y mundana tierra.


Amigo que puedo decirte?Que poema tan bárbaro!!Bárbaro!Sendo sentido tiene usted de esas cosas...esas que no se puede explicar
 
Amigo Danie, siempre es grato visitar tus obras
por la excelencia que logras plasmar en ellas,
por el vocabulario extenso y enriquecido
y por esas imágenes de tu perspectiva, de tu inspiración
que dejas viviendo en tu poesía!! Mis saludos y respeto!!
Nos seguimos leyendo!!
 
Deponiendo a la cruz
esta el nuevo emblema de las cenizas
de un triste cristianismo.
Es la insignia del Cesar,
del rey Minos,
del inescrupuloso cancerbero,
heraldo del antro de la misma perdición

Dos mil catorce años sin comprender el mandamiento nuevo. Estremece tu trabajo Danie, es de la excelencia de tu pluma, como siempre. Abrabesos y todas las estrellas dejo.
 
Esos espectros que reencarnan por siglos y siglos, haciendo feria en el coliseo viendo miseria y sangré embruteciendo a ese monstruo de las mil cabezas...nada lejos de la realidad tus imágenes querido y admirado poeta, tus letras me encantan siempre.
un gusto leerlas
va un abrazo grande
la dulce c
 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba