Tras batallas cruentas, entre heridas y la espesa atmósfera. Se endurecen los guerreros, oscurece su conciencia y desdeña todo, cuanto riesgo se presente. Fobia de seguir luchando, pavura a la derrota y temor de ser herido.
Mas cual espectro, insensible arrastra por la bruma, blandiendo bajo, el oxido de la espada, mientras corroe breve su existencia, batallada y temerosa, escondida en la rigidez de su mascara...
[center:d297b2eb54]De la ardiente herida que supura,
todo el escozor de la derrota,
cose un hilo, sangrante raja,
con agujas del olvido la sutura.
Con sal entre las cuencas,
esconde sigiloso gorgoteo,
en su pecho que desangra,
interno daño, flechazo acerbo.
Herido para no sanar,
en eternos campos de batalla,
del amor protervo.
Perdido entre sueños,
sus recuerdos, su quebranto;
mira en derredores la miseria
y ve su sombra que contempla,
nunca deja de seguirla,
compañera fiel de soledades...
...
Levantarse a costo cuanto,
avanzar sobre dolores tantos,
debe seguir el hombre
y el guerrero solitario,
negro, de la sangre coagulada,
sucia podredumbre agusanada,
marcha errante,
sobre cuerpos adversarios.
Y al ocaso pululante,
en la Gritería agonizante,
se desplaza moribundo,
a encontrar un lecho.
Lecho, donde morir su anhelo,
donde acabar su tormento,
suicidar las sombras,
asesinar la congoja.
...
Pero en parpadeos de horizonte,
do se enreda el tiempo,
perdido esta el recuerdo
y el final se vuelve inicio.
Una silueta tenue, dibuja a lo lejano,
espejismo receloso, hiende vaporoso
entre fetidez humeante y miserable,
mientras el ojo apabullado,
entrecierra a divisar con acierto claro.
Cristalina y delicada paz emana,
de aquella figura extraña,
que forma una dama,
inquietante tranquilidad mortuoria,
que desplaza la hediondez del viento.
...
Rendido cae ante sus ojos,
que encandilan refulgentes,
y ornamentan su sonrisa,
en tersa seda dibujada.
En la bastedad del yerto páramo,
frente a frente se cuestionan,
al cruzar miradas extasiadas,
chocando violentas y apasionadas.
Alevosa y misteriosa dama
-cavila destrozado y agotado-
¿será un suplicio del diablo mismo?
-medita desconcertado-.
Pero observa en las puras perlas,
una mirada tierna y honesta,
cernida sobre su desgastada fiereza,
que aun dudosa espera.
...
Sosteniéndose de fríos cuerpos,
sembrados por los suelos
y valiéndose de su espada,
del letargo silente, su faz levanta.
Yergue espinado sobre sus pies,
prestando compañía hacia ella
y callado marcha junto a esta,
sin rumbo alguno y a sus pies.
...
Mas sigue in entendible deseo...
dos silenciosas almas,
recorriendo en compañía soledades,
descalzados sobre la muerte,
sustentando los suspiros,
sin exhalar palabras.
Unidos a un sueño misterioso,
enredan las esencias,
sin volver a cruzar las vistas,
pero mientras callan, el anhelo avasalla.
...
Andando largo sendero,
jamás las palabras confesadas,
jamás el desdén mitigado,
temeroso daño nunca superado.
Descubre nuestro soldado, que ha amado,
y traga su saliva, su amor entero,
escondiéndolo en su miedo.
Mira en disimulo,
a su voluntaria escolta,
devorando entre nubes de sueño,
la utopía de su único anhelo.
...
No quiere ser herido, ni aun vencido,
por que el silencio guarda las desgracias,
y calma el agua, no destroza la barca.
Mientras de sus manos boga el tiempo,
y fuga raudo hacia los vientos,
ve a su paz marchar entre los muertos,
y a su dama alejar a pasos cientos...
Decide sin embargo,
guardar su sentimiento.
Volverse sombra y amar a espaldas,
llorar sus llagas en penumbras,
descoser heridas y desangrarlas,
caer atormentando propia la cordura,
martirizándose en su propia cobardía...[/center:d297b2eb54]
Luego de combates cruentos, de profusas heridas. El miedo a ser alcanzado por infames saetas, se vuelve quimera. Maniática fobia, que acaba hasta el mas rígido de los hombres. Pero siempre habrán batallas, mientras exista el hombre y su locura. Habrá que estar siempre presto a sucumbir en sus fragores, aun de la manera mas doliente y despreciable.
Sin batalla no hay victoria... y que la muerte los levante hacia la gloria....
Mas cual espectro, insensible arrastra por la bruma, blandiendo bajo, el oxido de la espada, mientras corroe breve su existencia, batallada y temerosa, escondida en la rigidez de su mascara...
[center:d297b2eb54]De la ardiente herida que supura,
todo el escozor de la derrota,
cose un hilo, sangrante raja,
con agujas del olvido la sutura.
Con sal entre las cuencas,
esconde sigiloso gorgoteo,
en su pecho que desangra,
interno daño, flechazo acerbo.
Herido para no sanar,
en eternos campos de batalla,
del amor protervo.
Perdido entre sueños,
sus recuerdos, su quebranto;
mira en derredores la miseria
y ve su sombra que contempla,
nunca deja de seguirla,
compañera fiel de soledades...
...
Levantarse a costo cuanto,
avanzar sobre dolores tantos,
debe seguir el hombre
y el guerrero solitario,
negro, de la sangre coagulada,
sucia podredumbre agusanada,
marcha errante,
sobre cuerpos adversarios.
Y al ocaso pululante,
en la Gritería agonizante,
se desplaza moribundo,
a encontrar un lecho.
Lecho, donde morir su anhelo,
donde acabar su tormento,
suicidar las sombras,
asesinar la congoja.
...
Pero en parpadeos de horizonte,
do se enreda el tiempo,
perdido esta el recuerdo
y el final se vuelve inicio.
Una silueta tenue, dibuja a lo lejano,
espejismo receloso, hiende vaporoso
entre fetidez humeante y miserable,
mientras el ojo apabullado,
entrecierra a divisar con acierto claro.
Cristalina y delicada paz emana,
de aquella figura extraña,
que forma una dama,
inquietante tranquilidad mortuoria,
que desplaza la hediondez del viento.
...
Rendido cae ante sus ojos,
que encandilan refulgentes,
y ornamentan su sonrisa,
en tersa seda dibujada.
En la bastedad del yerto páramo,
frente a frente se cuestionan,
al cruzar miradas extasiadas,
chocando violentas y apasionadas.
Alevosa y misteriosa dama
-cavila destrozado y agotado-
¿será un suplicio del diablo mismo?
-medita desconcertado-.
Pero observa en las puras perlas,
una mirada tierna y honesta,
cernida sobre su desgastada fiereza,
que aun dudosa espera.
...
Sosteniéndose de fríos cuerpos,
sembrados por los suelos
y valiéndose de su espada,
del letargo silente, su faz levanta.
Yergue espinado sobre sus pies,
prestando compañía hacia ella
y callado marcha junto a esta,
sin rumbo alguno y a sus pies.
...
Mas sigue in entendible deseo...
dos silenciosas almas,
recorriendo en compañía soledades,
descalzados sobre la muerte,
sustentando los suspiros,
sin exhalar palabras.
Unidos a un sueño misterioso,
enredan las esencias,
sin volver a cruzar las vistas,
pero mientras callan, el anhelo avasalla.
...
Andando largo sendero,
jamás las palabras confesadas,
jamás el desdén mitigado,
temeroso daño nunca superado.
Descubre nuestro soldado, que ha amado,
y traga su saliva, su amor entero,
escondiéndolo en su miedo.
Mira en disimulo,
a su voluntaria escolta,
devorando entre nubes de sueño,
la utopía de su único anhelo.
...
No quiere ser herido, ni aun vencido,
por que el silencio guarda las desgracias,
y calma el agua, no destroza la barca.
Mientras de sus manos boga el tiempo,
y fuga raudo hacia los vientos,
ve a su paz marchar entre los muertos,
y a su dama alejar a pasos cientos...
Decide sin embargo,
guardar su sentimiento.
Volverse sombra y amar a espaldas,
llorar sus llagas en penumbras,
descoser heridas y desangrarlas,
caer atormentando propia la cordura,
martirizándose en su propia cobardía...[/center:d297b2eb54]
Luego de combates cruentos, de profusas heridas. El miedo a ser alcanzado por infames saetas, se vuelve quimera. Maniática fobia, que acaba hasta el mas rígido de los hombres. Pero siempre habrán batallas, mientras exista el hombre y su locura. Habrá que estar siempre presto a sucumbir en sus fragores, aun de la manera mas doliente y despreciable.
Sin batalla no hay victoria... y que la muerte los levante hacia la gloria....