hombrebicho
Poeta asiduo al portal
Recuerdo el sueño que tuve aquella noche.
Era una noche fría, el cielo estaba despejado, las estrellas brillaban como si fuera a ser la última vez, la luna, la luna si que estaba hermosa, parecía un faro que mirara desde lo mas alto del cielo nocturno.
Yo aparecí en una carretera desierta, solitaria, no había un alma que asomara la cabeza, ni si quiera el canto de un grillo, tan solo un bosque, donde la ramas de los árboles estaban secas, y una niebla ocultara el final de grandioso y tenebroso laberinto de ramajos.
Al introducirme en aquel bosque, la sangre se me congeló, una extraña sensación por todo mi cuerpo, el frío en todo mi cuerpo aumentó. Me sentía observado por algún tipo de ente, o por algún fenómeno paranormal.
De pronto, el sonido endemoniado de un piano comenzó a meterse en mi cabeza, al sonar, un viento comenzó a zarandear los árboles secos, y comencé a escuchar el canto de muchos búhos y cuervos, como si el sonido del piano hubiera despertado vida en aquel bosque solitario.
Comencé a correr como alma que lleva el diablo, como si una bestia me persiguiera, atravesando aquel laberinto de ramas, entre la niebla, acercándome a aquel sonido que había vuelto loco al bosque en el que me encontraba. Apartando ramas de mi cara, esquivando enredaderas que me perseguían. Poco a poco me acercaba a aquel sonido, a aquel piano que sonaba como si lo tocara el mismo Satam.
Un sudor caía de mi frente mientras corría, de pronto, al atravesar ese bosque, noté que la temperatura de mi cuerpo había aumentado exageradamente, el frío se había vuelto calor. Entre dos árboles pude ver la imagen distorsionada de un piano de color negro.
Casi llegando al piano, pude recordar que estaba sonando, era la sonata, "claro de luna", el tercer movimiento, de Beethoven. El piano estaba sonando solo, no me lo podía creer, como si algún fantasma lo estuviera tocando y yo no lo pudiera ver.
De repente, justo cuando fui a tocar con mis dedos aquel piano, de mi sueño desperté. Al levantarme, fui hacía mi salón, donde había un lápiz y un papel, y al comenzar a escribir, la música de mi sueño otra vez comenzó.
¿Será que mi sueño me persigue o es que tengo una obsesión?
Era una noche fría, el cielo estaba despejado, las estrellas brillaban como si fuera a ser la última vez, la luna, la luna si que estaba hermosa, parecía un faro que mirara desde lo mas alto del cielo nocturno.
Yo aparecí en una carretera desierta, solitaria, no había un alma que asomara la cabeza, ni si quiera el canto de un grillo, tan solo un bosque, donde la ramas de los árboles estaban secas, y una niebla ocultara el final de grandioso y tenebroso laberinto de ramajos.
Al introducirme en aquel bosque, la sangre se me congeló, una extraña sensación por todo mi cuerpo, el frío en todo mi cuerpo aumentó. Me sentía observado por algún tipo de ente, o por algún fenómeno paranormal.
De pronto, el sonido endemoniado de un piano comenzó a meterse en mi cabeza, al sonar, un viento comenzó a zarandear los árboles secos, y comencé a escuchar el canto de muchos búhos y cuervos, como si el sonido del piano hubiera despertado vida en aquel bosque solitario.
Comencé a correr como alma que lleva el diablo, como si una bestia me persiguiera, atravesando aquel laberinto de ramas, entre la niebla, acercándome a aquel sonido que había vuelto loco al bosque en el que me encontraba. Apartando ramas de mi cara, esquivando enredaderas que me perseguían. Poco a poco me acercaba a aquel sonido, a aquel piano que sonaba como si lo tocara el mismo Satam.
Un sudor caía de mi frente mientras corría, de pronto, al atravesar ese bosque, noté que la temperatura de mi cuerpo había aumentado exageradamente, el frío se había vuelto calor. Entre dos árboles pude ver la imagen distorsionada de un piano de color negro.
Casi llegando al piano, pude recordar que estaba sonando, era la sonata, "claro de luna", el tercer movimiento, de Beethoven. El piano estaba sonando solo, no me lo podía creer, como si algún fantasma lo estuviera tocando y yo no lo pudiera ver.
De repente, justo cuando fui a tocar con mis dedos aquel piano, de mi sueño desperté. Al levantarme, fui hacía mi salón, donde había un lápiz y un papel, y al comenzar a escribir, la música de mi sueño otra vez comenzó.
¿Será que mi sueño me persigue o es que tengo una obsesión?
Juan Alonso Colete Dominguez