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Clamores de luna llena

Jcmch

Poeta veterano en el portal.
[center:294647d684]Los amores viejos del alma
yacen guardados en los viciados rincones
del deseo viviente.
Los espíritus humanos se engrandecen
con los recuerdos del placer oculto.

Yo, sin embargo, me limito a crear pasiones
y a expandirlas desde el medio sereno
de mis truncadas cavilaciones.
Las pasiones viejas, todas ellas,
olvidadas y esparcidas por el espacio material.

La luna, en todas sus fases,
muestra su mueca mas brillante sobre mi casa
y lentamente despoja de todo sentido
los esplendores del amor
y llena de luz los momentos de meditación.

Ah, tu luna,
que te maquillas cual mórbido payaso
y te burlas finamente de los débiles
abandonados.
Y, con grotesca ironía, tu rostro
persigue siempre al caminante que
quiere olvidar un terrible pasaje de esta
demencial vida.

Lentamente derramas tu luz gótica
en oleadas de vino de vino blanco,
cubriendo la inmóvil ciudad
de un matiz grisáceo.
Tu, luna, que llenas los barcos
de la marea azulosa,
de niebla profunda y mortal quietud,
y a los puertos les guías en un tropel
mágico de singular desatino.

Las montañas y los cerros,
en la lejanía, como sombras taciturnas,
soberbias decoran la escena del lugar.

Y allí, donde nací, las tímidas luces
que han podido alzar la ciudadela,
tintinean graciosamente al compás
de la música asonante
de las refinerías y los autos.

La noche y la luna son siempre diferentes
en todo lugar.
Siempre la bóveda negra y los sonidos
cambian de forma adaptándose
a los latidos y los versos
que cada población maneja.

Los clamores de luna llena
desbordan la tierra en multitud.
Yo, prudentemente,
me lleno de su infernal cobijo
entre el aire helado de las doce.
Y mientras el tiempo canta su
opera gutural, en veinticuatro actos,
la luna se desvanece en alegría y gracia,
con su traje de arlequín brillante
y su rostro ruborizado de polvo de miel.
Cruza los elementos y saluda al zodiaco,
y enferma la mente de los que cada dia
esperan su danza clásica.

Ella se va, mientras yo, ante su manto,
dedico pasajes lívidos,
majestuosos y prominentes,
basado en las reglas que la noche impone
sobre el laberinto de la ciudad.

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¿Que mejor elemento para lamentarse de la aplastante existencia que la estatica protagonista de la noche? Su mistica presencia otorga suficiente compañia a la sadica mente humana.

Muchas gracias por tus comentarios, Dama, un abrazo.
 
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