Roberto Elenes
Poeta recién llegado
En las noches solas,
en las noches que tengo que afrontar una cama vacía de ti,
de la cuarta dimensión emergen mis grandes enemigos
disfrazados con máscaras planas y ondulantes;
sumidos en ancestrales odios nos contemplamos
con espantosas caras de demonios,
pero también nos miramos con la amorosa pasión con que se miran
los enemigos eternos e irreconciliables;
en la batalla, se afilan las atroces puntas de mi greña
dorada, y blando mi verga de ancla:
soy monstruoso y vil cuando con mi energía hago tronar
como chinampinas las almas de antiguas y feroces inteligencias;
en la tregua, los demonios dan cuenta de la carroña espiritual,
luego me visto de ángel y te visito en la pagoda
donde tu rostro posa sobre un cielo azul pintado de lágrimas y pajaritos,
y por fin me pones en calma con tu lengua de leona
mientras me deleito con la venustez de tu cuerpo
abrigado en el húmedo furor de tu vagina.
en las noches que tengo que afrontar una cama vacía de ti,
de la cuarta dimensión emergen mis grandes enemigos
disfrazados con máscaras planas y ondulantes;
sumidos en ancestrales odios nos contemplamos
con espantosas caras de demonios,
pero también nos miramos con la amorosa pasión con que se miran
los enemigos eternos e irreconciliables;
en la batalla, se afilan las atroces puntas de mi greña
dorada, y blando mi verga de ancla:
soy monstruoso y vil cuando con mi energía hago tronar
como chinampinas las almas de antiguas y feroces inteligencias;
en la tregua, los demonios dan cuenta de la carroña espiritual,
luego me visto de ángel y te visito en la pagoda
donde tu rostro posa sobre un cielo azul pintado de lágrimas y pajaritos,
y por fin me pones en calma con tu lengua de leona
mientras me deleito con la venustez de tu cuerpo
abrigado en el húmedo furor de tu vagina.