poetaindagador
Poeta recién llegado
Tomar fuerte de las manos
la vida que en todas partes vive.
Acariciarla delicadamente,
para después mostrarle el sufrimiento
que produce y el amor, tan dulce, que concibe.
Me sostengo de ella para no caer,
tiro ferozmente para no olvidar
que vivir es ser y crear.
Olvidar la vida, es morir,
olvidar la muerte, es revivir.
La lluvia que moja las hojas secas
destruye la vida con más vida para el futuro.
La tensión superficial de la existencia
se rompa con relámpagos de pensamientos,
abstractos, literarios y concretos. Son lo mismo.
Arduo pensamiento analítico, destructor de ilusiones,
destruye el mal creado por la ilusión del vivir y morir.
EL CICLO DE LA VIDA.
Gira, gira, eternamente gira la rueda del vivir.
La rueda circular, de infinitas facetas, aplasta mitos
y creencias cualquiera, obsequia amores y pasiones.
Gira, la rueda gira en dirección a vos y a mí,
cae en el abismo y se choca con el duro piso,
el que la recibe cordialmente sin pre-conceptos.
Absoluta objetividad, observa la realidad,
sentada en la sima de la montaña del conocimiento
desconocido. Amablemente juzga sin juzgar
las acciones de los mares y hombres, pájaros y castores.
Se perdió la solitaria verdad en la selva del hombre
con subjetividad atómica. La Naturaleza prefabricada
florece con alas en el medio de la nada, remonta sobre auras
de pensamiento eterno.
¡Flashes de ideas! ¡Flechas de sensaciones!
¡Conjuros mentales!
Abdiquen el sentimiento universal.
Soledad, soledad, maldita soledad.
Nada de nada alrededor tuyo.
Negro. blanco y rojo. Espuma molesta.
Debajo del cielo; la tierra.
Por en sima de la tierra; el universo, debajo también.
Arriba de mi, el sol, los astros, las nubes y la expansión.
Forzada mentalidad ajena sucumbe.
Se derrumban muros de piedra, que separan a ellos
de los demás. Ahora todos están unidos en
armoniosa realidad. Todos comparten el mismo sentimiento
mental. Saborea la ciencia oculta de la verdad.
Comparte el amor perdido en el amar.
Llueven ases y sotas, caen en picada sin razón.
Se inunda la calle por donde pasó alguna vez
un carruaje ostentoso, adinerado.
Se ahogan huérfanos que nunca fueron realmente
amados. Nadie llora, nadie llora.
Se hunde la piedra, y llega hasta el fondo.
Oscuro fondo desconocido.
Allí se alojará hasta que el Destino decida
que es tiempo de moverla y cambiar.
La marea sube.
La marea baja.
El sol sale.
El sol cae.
La luna crece.
La luna menguante.
Sonidos.
Silencio.
Hablo y me callo.
Caigo y me levanto.
Luz real ilumina lo que hay
muestra las cosas como son,
sin nada más que eso, lo que son.
Y serán y serán, tal vez cambiarán,
pero seguirán siendo.
Nada se destruye.
Todo se recicla.
Convive en la tierra
noble humano descreído.
Gira nuevamente, eternamente, la rueda de la Fortuna.
Decide con absoluta objeción el sucumbido Destino.
Rueda la vida por la carretera, en dirección a la muerte.
Se caen los pétalos de las rosas negras.
La semilla germina.
Los ojos se abren.
El día termina y empieza otro más, cual es cual.
¿Qué es lo que los diferencia?
Tan sólo un nombre muerto.
Una cosa nombrada es destruida en sus palabras.
Es destruida en las letras que la componen.
La despellejan.
Lingüística asesina de realidades veraces.
Pensamiento analítico, violador de ilusiones pasionales.
Dejen de obrar en nombre de nadie. Dejen de perseguir
a los niños soñadores. Paren de molestar al demonio divino del poeta.
Simpleza delicada trae tranquilidad exaltada.
Torpe señor sin creencias observa el tiempo pasar,
sentado en una silla fumando sin parar.
Le duelen los huesos y las arterias, la espalda y el corazón,
pero está feliz de ver pasar al tiempo más allá de donde el está.
Convive libremente sin importarle lo que podrá pasar.
Acepta con su objetiva subjetividad las cosas como son.
La luz es luz. El sol da calor. El fuego quema. Y los colores exaltan la visión.
El viento vuela, al igual que los pájaros y las nubes.
La noche viene y se va. Los astros brillan sin parar, hasta que mueren
nebulosamente. Ellos están aunque no se vean cuando el cielo
se viste de azul profundo o de blanco metalizado, grisáceo.
El señor sin creencias escucha la melodía armoniosa de la vida,
que improvisa frases cautivantes, suenan en el aire y en otras dimensiones.
Seres desconocidos las escuchan y disfrutan.
En el invierno cuando el frío viene el señor decide que es tiempo de su muerte.
No lo cree, pero lo sabe. Y simplemente con orgullo muere sentado en su
comodísima silla favorita, con sus ojos posados en el eterno firmamento.
Su corazón para de latir. Los músculos se vuelven tiesos, su tez pálida y su ser
deja de serlo. Pero al mismo tiempo en algún otro lugar, tal vez remoto, otra vida
nace y el Ciclo continúa.
Y sigue girando, la rueda sigue, los obstáculos no son nada más que obstáculos.
Las muertes nada mas que muertes, que traen más vidas y sonrisas.
Las lágrimas se secan. El sol en su zenit. Elogio. Carisma. Emoción y compasión.
la vida que en todas partes vive.
Acariciarla delicadamente,
para después mostrarle el sufrimiento
que produce y el amor, tan dulce, que concibe.
Me sostengo de ella para no caer,
tiro ferozmente para no olvidar
que vivir es ser y crear.
Olvidar la vida, es morir,
olvidar la muerte, es revivir.
La lluvia que moja las hojas secas
destruye la vida con más vida para el futuro.
La tensión superficial de la existencia
se rompa con relámpagos de pensamientos,
abstractos, literarios y concretos. Son lo mismo.
Arduo pensamiento analítico, destructor de ilusiones,
destruye el mal creado por la ilusión del vivir y morir.
EL CICLO DE LA VIDA.
Gira, gira, eternamente gira la rueda del vivir.
La rueda circular, de infinitas facetas, aplasta mitos
y creencias cualquiera, obsequia amores y pasiones.
Gira, la rueda gira en dirección a vos y a mí,
cae en el abismo y se choca con el duro piso,
el que la recibe cordialmente sin pre-conceptos.
Absoluta objetividad, observa la realidad,
sentada en la sima de la montaña del conocimiento
desconocido. Amablemente juzga sin juzgar
las acciones de los mares y hombres, pájaros y castores.
Se perdió la solitaria verdad en la selva del hombre
con subjetividad atómica. La Naturaleza prefabricada
florece con alas en el medio de la nada, remonta sobre auras
de pensamiento eterno.
¡Flashes de ideas! ¡Flechas de sensaciones!
¡Conjuros mentales!
Abdiquen el sentimiento universal.
Soledad, soledad, maldita soledad.
Nada de nada alrededor tuyo.
Negro. blanco y rojo. Espuma molesta.
Debajo del cielo; la tierra.
Por en sima de la tierra; el universo, debajo también.
Arriba de mi, el sol, los astros, las nubes y la expansión.
Forzada mentalidad ajena sucumbe.
Se derrumban muros de piedra, que separan a ellos
de los demás. Ahora todos están unidos en
armoniosa realidad. Todos comparten el mismo sentimiento
mental. Saborea la ciencia oculta de la verdad.
Comparte el amor perdido en el amar.
Llueven ases y sotas, caen en picada sin razón.
Se inunda la calle por donde pasó alguna vez
un carruaje ostentoso, adinerado.
Se ahogan huérfanos que nunca fueron realmente
amados. Nadie llora, nadie llora.
Se hunde la piedra, y llega hasta el fondo.
Oscuro fondo desconocido.
Allí se alojará hasta que el Destino decida
que es tiempo de moverla y cambiar.
La marea sube.
La marea baja.
El sol sale.
El sol cae.
La luna crece.
La luna menguante.
Sonidos.
Silencio.
Hablo y me callo.
Caigo y me levanto.
Luz real ilumina lo que hay
muestra las cosas como son,
sin nada más que eso, lo que son.
Y serán y serán, tal vez cambiarán,
pero seguirán siendo.
Nada se destruye.
Todo se recicla.
Convive en la tierra
noble humano descreído.
Gira nuevamente, eternamente, la rueda de la Fortuna.
Decide con absoluta objeción el sucumbido Destino.
Rueda la vida por la carretera, en dirección a la muerte.
Se caen los pétalos de las rosas negras.
La semilla germina.
Los ojos se abren.
El día termina y empieza otro más, cual es cual.
¿Qué es lo que los diferencia?
Tan sólo un nombre muerto.
Una cosa nombrada es destruida en sus palabras.
Es destruida en las letras que la componen.
La despellejan.
Lingüística asesina de realidades veraces.
Pensamiento analítico, violador de ilusiones pasionales.
Dejen de obrar en nombre de nadie. Dejen de perseguir
a los niños soñadores. Paren de molestar al demonio divino del poeta.
Simpleza delicada trae tranquilidad exaltada.
Torpe señor sin creencias observa el tiempo pasar,
sentado en una silla fumando sin parar.
Le duelen los huesos y las arterias, la espalda y el corazón,
pero está feliz de ver pasar al tiempo más allá de donde el está.
Convive libremente sin importarle lo que podrá pasar.
Acepta con su objetiva subjetividad las cosas como son.
La luz es luz. El sol da calor. El fuego quema. Y los colores exaltan la visión.
El viento vuela, al igual que los pájaros y las nubes.
La noche viene y se va. Los astros brillan sin parar, hasta que mueren
nebulosamente. Ellos están aunque no se vean cuando el cielo
se viste de azul profundo o de blanco metalizado, grisáceo.
El señor sin creencias escucha la melodía armoniosa de la vida,
que improvisa frases cautivantes, suenan en el aire y en otras dimensiones.
Seres desconocidos las escuchan y disfrutan.
En el invierno cuando el frío viene el señor decide que es tiempo de su muerte.
No lo cree, pero lo sabe. Y simplemente con orgullo muere sentado en su
comodísima silla favorita, con sus ojos posados en el eterno firmamento.
Su corazón para de latir. Los músculos se vuelven tiesos, su tez pálida y su ser
deja de serlo. Pero al mismo tiempo en algún otro lugar, tal vez remoto, otra vida
nace y el Ciclo continúa.
Y sigue girando, la rueda sigue, los obstáculos no son nada más que obstáculos.
Las muertes nada mas que muertes, que traen más vidas y sonrisas.
Las lágrimas se secan. El sol en su zenit. Elogio. Carisma. Emoción y compasión.