Etherea
Poeta fiel al portal
"La figura del aire que de pronto se anima
Y levanta su estatua fugitiva.
(con su penacho de suspiro y sombra,
palmera giradora)*
O levemente, la forma de la música,
Agitando su leve sonora arquitectura.
(tus pétalos abiertos a la aurora,
estremecida rosa.)
O la luz quizá la imagen transparente
Que en el silencio sorprendido crece.
(ala de amor y gracia de paloma,
estrella voladora)
Es tan efímera la mariposa..."
El viento silbaba entre los delgados troncos de bambú. Había sido un año de pocas lluvias y algunas familias empezaban a vender su ganado para subsistir.
Mayuka arrastraba sus magullados pies descalzos por el sendero viejo de las afueras de Sapporo. La casa del abuelo no quedaba lejos de los dominios de su familia y de noche sabía volver hasta con los ojos cerrados.
-Otosan, ya estoy aquí.-Exclamó la niña tendiéndose a los pies del viejo.
-Vigila esas manos, jovencita, los dedos rectos se posan en el suelo como las mariposas. ¿Cómo vas a mostrarme respeto si te lanzas sobre la madera como un tigre?- le dijo con una expresión divertida- Anda, tomemos un té.
El viejo observaba mientras Mayuka servía el té a trompicones.
-¿Y bien? preguntó de forma pasiva el abuelo.
-Otosan, voy a fugarme de casa.
-Así que las mariposas quieren alzar el vuelo cuando aun son crisalidas, ¿eh?-le dijo arqueando las cejas.
El té se derramaba en los cojines en cada sorbo del abuelo. Permanecieron un momento en silencio, escuchando, quizá, la opinión de sus antepasados en sus cabezas.
El viejo se levantó y sacando una katana con motivos dorados de un baúl destartalado se la ofreció a la niña.
-Sé que harás lo correcto, pequeña.-susurró dándole la espalda.
-Otosan...murmuró Mayuka con un hilo de voz.
El viejo caminó impasible hacia la puerta y sin decir una palabra se perdió entre las sombras del crepúsculo.
Un año atrás dos jóvenes leían proverbios junto al estanque del patio.
-Mayuka, dime, ¿Cuál es tu favorito?
-Déjame pensar...Ah! sí, "Con leña prometida no se calienta la casa".-dijo dándose aires de adulta.
-Muy apropiado para tu familia, que siempre promete leña a la mía...jajajajaja.
-¡Yume! ¡Te vas a enterar!
Yume, era un joven apuesto, hijo del mercader más próspero de Sapporo. A la caída del sol bajaba secretamente a practicar caligrafía con el viejo y con Mayuka, que se negaba a ser una ignorante a pesar de su condición de mujer y las prohibiciones que existían respecto a la educación. En lo más hondo de su corazón, el amor por Yume iba creciendo cada día con la misma rapidez que su facilidad para memorizar los kanjis y los dichos populares.
-Y a tí,¿qué proverbio te gusta más, Yume?-dijo Mayuka mirándole directamente a los ojos.
-No digas: es imposible. Di: no lo he hecho todavía.-dijo abriendo el puño y soltando una pequeña mariposa.
-¿Cómo lo has hecho?-preguntó fascinada
Yume le dió la espalda aferrando su katana y se encogió de hombros mientras caminaba hacia el sendero de regreso.
-¡Enhorabuena por tu boda!- le gritó Yume con la voz rota desde la lejanía.
Aquella noche, entre lágrimas, se celebraron las nupcias entre Mayuka y un total desconocido que había llegado a su casa desde Hokkaido.
Dentro de la alcoba de invitados, aquel hombre, que aun no le había dirigido la palabra, se acercó para desatarle el atuendo festivo.
Cerró los ojos y entre sollozos, Mayuka intentó liberarse de aquellas manos extrañas. De pronto, una pronunciada brisa acompañada de un golpe seco cortó la atmósfera y se adivinó una katana de motivos dorados a la luz de un vago farolillo.
La sangre del recién casado empapó los pies descalzos de Mayuka. Corrió, cerrando los ojos corrió sin rumbo, sin descanso, corrió hasta que no sintió el peso de sus piernas, hasta convertirse en aquella mariposa, saliendo del puño de Yume.
Tras el incidente su familia le dió la espalda, despreciándola. Encerrada en su cuarto, se había convertido en la deshonra de la casa. La viuda virgen, una vergüenza para sus antepasados.
-Dime, ¿por qué le mataste?
-La vida de las mariposas...es tan efímera.-dijo el joven acariciando las mejillas de Mayuka.
-¿Y para qué sigues viniendo aquí, Yume?-le pregunto mientras removía con desgana el incienso para las oraciones.
-He encontrado la forma de huir por el oeste, si salimos esta noche la gente de mi padre no podrá alcanzarnos.-dijo Yume casi en un susurro.-He hablado con Otosan para que prepare algunos víveres. Nos encontraremos en el estanque a media noche, Mayuka.
Las aguas tranquilas del estanque reflejaron un cálido beso, mientras el sol iba arropando poco a poco los diminutos brotes de bambú en sus orillas.
-¿Yume..?-musitó Mayuka en la oscuridad.
-¡Yume!
Con el corazón en un puño, Mayuka, se aferro al cuerpo sin vida de su amado. Con un profundo corte en la garganta y los puños cerrados, Yume yacía a las orillas del estanque junto a los víveres esparcidos. Una débil sonrisa pintaba su cara.
-¡Yume!No..!-gritó ella ahogando el llanto entre sus manos.
Abrió con dulzura sus puños y dos mariposas vacilaron un momento antes de emprender el vuelo bañadas por la luz de la luna.
Entre lágrimas, Mayuka se ciñó la katana al obi con dificultad y derramó el resto del té sobre los cojines del viejo.
-Lo siento, Otosan.-dijo mientras salía en su busca.
El abuelo, sentado a orillas del estanque, jugaba distraído con una ramita de bambú. La niña se inclinó hasta el suelo.
-Otosan, ¿por qué le mataste?-preguntó ella sin levantar la cabeza del suelo.
-La vida de las mariposas...es tan efímera.-musitó el viejo.
Un silbido cortó el susurro del estanque y la sangre brotó a borbotones del cuello del abuelo. Mayuka se deshizo en lágrimas.
Sin apenas fuerzas se deslizó por la orilla para escribir su último proverbio.
Con la katana aun en la mano miró al cielo.Dos mariposas bailaban al son de la primavera.
-La vida de las mariposas...es tan efímera...
*La cita corresponde a un fragmento del poema En tu Jardín Solar de Mar y Viento por Ángel Augier.
