Me disolví en la luz de la última luciérnaga
pues me era insoportable el peso nocturno de la música
Allí busqué los arcoris de mis tiempos ya perdidos
y encontré fulgores de amatista junto a estrellas apagadas.
Tus ojos tampoco estaban
ni los rizos como cobres del mar de tu cabellera.
Mas con la luz prestada pude ver a través de los otoños fugaces
veía los fondos del mar con sus glaucos enunciados
veía… veía como un ciego en su ceguera de noche sin madrugada
veía un mundo irredento
en el fondo de mi pupila acrecentada por lo oscuro
que arrebolaba los iris como un magma o una joya.
Era el nacimiento glorioso de los binomios que estallan
en una orgía de sensaciones fractálicas para ojos sin esperanza
“Faites vos jeux, messieurs, rien ne va plus!”
Y buscad vuestras mujeres entres las grandes piedras demolidas…
La canción pierde sus ecos
y las inmensas avenidas buscan su origen al fondo del escenario.
Es la hora de la sombra y el relámpago
de la furiosa caída de las cascadas de arena
es el desierto voraz que devuelve la vista al ciego
para que asista impotente a la destrucción y el odio
Las “marièes mises en nu” salmodian rumores como esfinges o vestales
Las palmeras desprovistas de sus sombras
hacen juegos malabares para un auditorio calcinado.
Es la hora del relámpago
flamígero e instantáneo
que asusta a las trémulas luciérnagas
en las que estoy refugiado.
pues me era insoportable el peso nocturno de la música
Allí busqué los arcoris de mis tiempos ya perdidos
y encontré fulgores de amatista junto a estrellas apagadas.
Tus ojos tampoco estaban
ni los rizos como cobres del mar de tu cabellera.
Mas con la luz prestada pude ver a través de los otoños fugaces
veía los fondos del mar con sus glaucos enunciados
veía… veía como un ciego en su ceguera de noche sin madrugada
veía un mundo irredento
en el fondo de mi pupila acrecentada por lo oscuro
que arrebolaba los iris como un magma o una joya.
Era el nacimiento glorioso de los binomios que estallan
en una orgía de sensaciones fractálicas para ojos sin esperanza
“Faites vos jeux, messieurs, rien ne va plus!”
Y buscad vuestras mujeres entres las grandes piedras demolidas…
La canción pierde sus ecos
y las inmensas avenidas buscan su origen al fondo del escenario.
Es la hora de la sombra y el relámpago
de la furiosa caída de las cascadas de arena
es el desierto voraz que devuelve la vista al ciego
para que asista impotente a la destrucción y el odio
Las “marièes mises en nu” salmodian rumores como esfinges o vestales
Las palmeras desprovistas de sus sombras
hacen juegos malabares para un auditorio calcinado.
Es la hora del relámpago
flamígero e instantáneo
que asusta a las trémulas luciérnagas
en las que estoy refugiado.