IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Se mira de frente al desastre,
se tuercen los márgenes,
de tiempos obtusos
que se enlentecen en su comodidad,
no hay peor cárcel que la mental,
ni peor vida que la corpórea,
ni peor muerte que un silencio tan largo,
las condenas se miran entre si,
y saltan como si no hubiera suelo,
ni aire, ni velo,
se desnudan las estrellas,
y su luz atragantan a las verdades
que se engullen entre si,
no escapa la huida de ella misma,
nunca pudo,
porque la fe es esclava de la esperanza,
de una esperanza sucia,
de terca cordura,
cuando la entereza mate nuestro orgullo,
comprenderemos
que nuestros sueños
son reflejo de nuestros vacíos,
que nuestros frutos
son venenosos para nosotros mismos,
que toda utopía teje verdades,
que aún entre mentiras se aprecian,
las edades sábidas
de una mesura casi eterna,
casi humana.
se tuercen los márgenes,
de tiempos obtusos
que se enlentecen en su comodidad,
no hay peor cárcel que la mental,
ni peor vida que la corpórea,
ni peor muerte que un silencio tan largo,
las condenas se miran entre si,
y saltan como si no hubiera suelo,
ni aire, ni velo,
se desnudan las estrellas,
y su luz atragantan a las verdades
que se engullen entre si,
no escapa la huida de ella misma,
nunca pudo,
porque la fe es esclava de la esperanza,
de una esperanza sucia,
de terca cordura,
cuando la entereza mate nuestro orgullo,
comprenderemos
que nuestros sueños
son reflejo de nuestros vacíos,
que nuestros frutos
son venenosos para nosotros mismos,
que toda utopía teje verdades,
que aún entre mentiras se aprecian,
las edades sábidas
de una mesura casi eterna,
casi humana.