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Cáscaras

penabad57

Poeta veterano en el portal
Son como paraguas de amor,
se cierran sobre la pulpa, el fruto,
el germen, nos ocultan la fragilidad de un nacimiento.

Me recuerdan a los párpados que, amorosamente,
cuidan el sueño de la vida.

Las despreciamos como vulgares obstáculos del placer,
su costumbre es la caída en las bolsas oscuras de la nada.

Preferimos el cuerpo frágil de la yema,
una semilla virginal, la textura blanda del molusco,
el corazón que formó el árbol en la breva dulce
que un día muere bajo el sol del verano.

No quiero desdeñar su fortaleza de madre,
todos los tejados, las paredes, la ley y su coraza,
el embrión por nacer, la curtida edad,
la senectud del reptil, las nombran.

Y yo ahora te pronuncio a ti, caparazón mío, que aún sueñas.
 
Última edición:
Son como paraguas de amor,
se cierran sobre la pulpa, el fruto,
el germen, nos ocultan la fragilidad de un nacimiento.

Me recuerdan a los párpados que, amorosamente,
cuidan el sueño de la vida.

Las despreciamos como vulgares obstáculos del placer,
su costumbre es la caída en las bolsas oscuras del desprecio.

Preferimos el cuerpo frágil de la yema,
una semilla virginal, la textura blanda del molusco,
el corazón que formó el árbol en la breva dulce
que un día muere bajo el sol del verano.

Yo no quiero desdeñar su fortaleza de madre,
todos los tejados, las habitaciones, la ley y el arma,
el embrión por nacer, la curtida edad,
la senectud del reptil, las nombran.

Y yo ahora te pronuncio a ti, caparazón mío que aún sueñas.
Como una madre guardando su tesoro, lo que está por nacer. Esa cáscara es, las manos que protegen la fragilidad de la semilla. Un gran poema, gracias por compartirlo. Abrazos José María.
 
Son como paraguas de amor,
se cierran sobre la pulpa, el fruto,
el germen, nos ocultan la fragilidad de un nacimiento.

Me recuerdan a los párpados que, amorosamente,
cuidan el sueño de la vida.

Las despreciamos como vulgares obstáculos del placer,
su costumbre es la caída en las bolsas oscuras de la nada.

Preferimos el cuerpo frágil de la yema,
una semilla virginal, la textura blanda del molusco,
el corazón que formó el árbol en la breva dulce
que un día muere bajo el sol del verano.

No quiero desdeñar su fortaleza de madre,
todos los tejados, las paredes, la ley y su coraza,
el embrión por nacer, la curtida edad,
la senectud del reptil, las nombran.

Y yo ahora te pronuncio a ti, caparazón mío, que aún sueñas.
El dilema humano de equilibrar protección y vulnerabilidad.

Saludos
 
Son como paraguas de amor,
se cierran sobre la pulpa, el fruto,
el germen, nos ocultan la fragilidad de un nacimiento.

Me recuerdan a los párpados que, amorosamente,
cuidan el sueño de la vida.

Las despreciamos como vulgares obstáculos del placer,
su costumbre es la caída en las bolsas oscuras de la nada.

Preferimos el cuerpo frágil de la yema,
una semilla virginal, la textura blanda del molusco,
el corazón que formó el árbol en la breva dulce
que un día muere bajo el sol del verano.

No quiero desdeñar su fortaleza de madre,
todos los tejados, las paredes, la ley y su coraza,
el embrión por nacer, la curtida edad,
la senectud del reptil, las nombran.

Y yo ahora te pronuncio a ti, caparazón mío, que aún sueñas.
Me había perdido de la riqueza de este poemazo, amigo Ramón. La cáscara supone fachada, superficie, algo que oculta un interior supuestamente más valioso. Sin embargo, ese borde conoce el sol, el gozo y la abrasión, y su pleno estado de madurez que no deja de sentir.
Te mando un gran abrazo junto con mi agradecimiento por tu generosa aportación.
 
Me había perdido de la riqueza de este poemazo, amigo Ramón. La cáscara supone fachada, superficie, algo que oculta un interior supuestamente más valioso. Sin embargo, ese borde conoce el sol, el gozo y la abrasión, y su pleno estado de madurez que no deja de sentir.
Te mando un gran abrazo junto con mi agradecimiento por tu generosa aportación.
Gracias, Pedro, por tus amables palabras. Un fuerte abrazo.
 
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