Tsadkiel-17
Poeta asiduo al portal
Carta XIV. Por Hugo Vargas
18 de abril de 2001
Esta carta sin dirección de destinario
te la dejé en el cajón del almario
por si acaso me he ido forzosamente
sepas que nunca dejé de quererte.
Sabes el reloj murió súbitamente
y mí calendario se tornó incoherente
desde aquella fría tarde de abril
donde me dijiste que te tenías que ir.
Las pastillas han ido acumulándose
y las burlas de los vecinos multiplicándose
pero yo sé que algún día has de regresar
porque lo nuestro, aunque furtivo fue real.
Continúo regando las dalias casi a diario
y del jardín he hecho un santuario
para que el día de tu regreso
recuerdes nuestro primer beso.
Ya mi vista me está fallando
y el Parkinson ha ido empeorando.
No sé si te pueda volverte a escribir
ya que el final puedo percibir.
Laura, si llegas después de mi partida
no te sientas triste, culpable ni herida
porque yo de nada me arrepiento
y gracias a ti fui feliz en todo momento.
Eternamente tuyo y solo tuyo
Hugo.
Carta IV. Laura Correa
18 de Abril de 1987
Hugo, tu mi sol y mi amor eterno
siempre fuiste tu mi religión y gobierno.
Mi puerto antes y después de la tormenta
y de mis días obscuros: azúcar, sal y pimenta.
Sin ti siempre me sentí un pez fuera del río
y despertar cada mañana siempre fue un desafío.
Hoy sólo siento frustración y remordimiento
por haberme dejado engañar por el tiempo.
Fui una tonta por estar siempre postergando
y de haber estado todo este tiempo esperando
por un momento más prometedor y oportuno.
¡El momento perfecto para buscar a mi Hugo!!
La noche llegará más pronto de lo que anticipaba
y ya no le queda mucho aceite a mi lampara.
El final de mí carta ya no puedo prolongar
pero antes algo te tengo que encomendar.
¡Abre todas las cortinas y ventanas,
deja de esperar por el mañana
y permite que otra golondrina
haga su nido en tu vida!
Te imploro cumplas con esta tarea.
Laura Correa.
18 de Abril de 1987
Hugo, tu mi sol y mi amor eterno
siempre fuiste tu mi religión y gobierno.
Mi puerto antes y después de la tormenta
y de mis días obscuros: azúcar, sal y pimenta.
Sin ti siempre me sentí un pez fuera del río
y despertar cada mañana siempre fue un desafío.
Hoy sólo siento frustración y remordimiento
por haberme dejado engañar por el tiempo.
Fui una tonta por estar siempre postergando
y de haber estado todo este tiempo esperando
por un momento más prometedor y oportuno.
¡El momento perfecto para buscar a mi Hugo!!
La noche llegará más pronto de lo que anticipaba
y ya no le queda mucho aceite a mi lampara.
El final de mí carta ya no puedo prolongar
pero antes algo te tengo que encomendar.
¡Abre todas las cortinas y ventanas,
deja de esperar por el mañana
y permite que otra golondrina
haga su nido en tu vida!
Te imploro cumplas con esta tarea.
Laura Correa.
Última edición: