jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
El poeta recibió una carta de su madre
(Aunque solía cambiarse de pocilga regularmente,
ella siempre conseguía hacerle llegar
un promedio de seis cartas por año)
Era una mañana soleada de primavera
cuando la misiva llegó a sus manos
"¡Demonios, lástima de día, lástima de cielo!"
Su progenitora se especializaba en hacer añicos
regularmente (más o menos cada dos meses)
la escasa cantidad de fe en sí mismo
que nuestro hombre lograba reunir durante dicho lapso
Cada dos meses era como volver a empezar
desde el más bajo nivel de la depravación y el asco total
de sí mismo al que el poeta podía acceder
"Querido y amado hijo"
"me preocupas mucho"
"me preocupa tu alcoholismo"
"me preocupa tu desconcertante tendencia
a eyacular dentro de agujeros que ni siquiera
tienen un nombre"
"todo me preocupa de ti"
"¿qué has comido últimamente?
(aparte de las frituras de maíz con queso
y los yogures)"
"¿qué has hecho para reconducirte
rumbo al camino del bien?"
"Mira a tu hermano Carlos"
"El no toma, él no esparce su simiente
dentro de receptáculos pecaminosos"
"El trabaja ya como subgerente en Mobil Oil"
"Mira a tu primo Julito"
"casado con una miss Escandinavia"
"ya tiene cuatro hermosos hijos"
"todos de piel blanca y ojos azules"
"nórdicos de nariz recta, arios,
seres inmaculados de belleza y perfección"
"uno de ellos ya es doctor en física nuclear o no sé que cosa...
¡y ni siquiera ha cumplido quince años!"
"¡Oh, miserable suerte la mía!"
"¡Oh, maligna degradación de mis genes!"
"¡Cómo quisiera que se desprendiera ahora mismo
una roca de la montaña y aplastara esta casa
y el estudio donde estoy ahora escribiéndote esta carta y,
finalmente, me aplastara también a mí!"
(Su madre vivía en Suiza, en un hermoso chalet
construido en mitad de la verde ladera de una montaña,
no muy lejos de Ginebra, ciudad de la que el poeta,
por cierto, guardaba un mal recuerdo, dado que
en uno de sus burdeles disfrazados de barecitos
junto al lago, había contraido una fuerte infección venérea)
"Yo sé que tú piensas que eres un poeta o una cosa
de esas que le dan al trago porque suponen que
al final de la botella van a encontrar finalmente
la redención y el último vestigio de cordura antes de enloquecer"
"yo sé que el trago es para ti todo en la vida"
"y que las mujeres no representan para ti
más que un simple pretexto eyaculatorio
entre una borrachera y otra"
"yo sé que pescaste un chancro blando en Ginebra
hace algunos años"
"yo sé todo de ti, y aún más cosas, pequeño estupidín"
"por eso te conmino ahora,
con toda la fuerza y determinación de una madre,
a que dejes de una buena vez tu botellota"
... etc... etc...etc...
la carta constaba de 135 cuartillas...
algunos pasajes resultaban dignos de Verlaine
algunos otros ya los hubieran querido escribir Shelley
o uno de esos poetas románticos tenebrosos...
La madre del poeta era la madre de la Poesía
La madre que cunde en las noches de bohemia
como una sombra recordatoria de que todo cuanto
uno se dispone a emprender al amparo de la ebriedad
es un perfecto y rotundo error, una tremenda estupidez,
lo más abyecto, lo más ruin, lo último adonde puede llegar
la especie humana antes de cruzar la frontera de la animalidad...
El poeta leyó hasta la cuartilla veintitantos
de la carta de su madre
(un poco después del tercer capítulo)
se había tomado un par de cervezas en el interín
La mañana ya no aparecía tan luminosa
Las paredes sucias de su pocilga
eran como señales inexcusables
de su profunda culpabilidad
Su madre había vuelto a dar en el clavo
de donde colgaba el falso y arbitrario compendio
de verdad y belleza que el poeta había reunido trabajosamente
a lo largo de dos meses (dos meses de continua disipación)
como una prueba de la autenticidad del propósito que lo guiaba...
y ahora debía volver a empezar de cero...
sin nada otra vez...
como un pedazo de basura revoloteando en el viento...
(Aunque solía cambiarse de pocilga regularmente,
ella siempre conseguía hacerle llegar
un promedio de seis cartas por año)
Era una mañana soleada de primavera
cuando la misiva llegó a sus manos
"¡Demonios, lástima de día, lástima de cielo!"
Su progenitora se especializaba en hacer añicos
regularmente (más o menos cada dos meses)
la escasa cantidad de fe en sí mismo
que nuestro hombre lograba reunir durante dicho lapso
Cada dos meses era como volver a empezar
desde el más bajo nivel de la depravación y el asco total
de sí mismo al que el poeta podía acceder
"Querido y amado hijo"
"me preocupas mucho"
"me preocupa tu alcoholismo"
"me preocupa tu desconcertante tendencia
a eyacular dentro de agujeros que ni siquiera
tienen un nombre"
"todo me preocupa de ti"
"¿qué has comido últimamente?
(aparte de las frituras de maíz con queso
y los yogures)"
"¿qué has hecho para reconducirte
rumbo al camino del bien?"
"Mira a tu hermano Carlos"
"El no toma, él no esparce su simiente
dentro de receptáculos pecaminosos"
"El trabaja ya como subgerente en Mobil Oil"
"Mira a tu primo Julito"
"casado con una miss Escandinavia"
"ya tiene cuatro hermosos hijos"
"todos de piel blanca y ojos azules"
"nórdicos de nariz recta, arios,
seres inmaculados de belleza y perfección"
"uno de ellos ya es doctor en física nuclear o no sé que cosa...
¡y ni siquiera ha cumplido quince años!"
"¡Oh, miserable suerte la mía!"
"¡Oh, maligna degradación de mis genes!"
"¡Cómo quisiera que se desprendiera ahora mismo
una roca de la montaña y aplastara esta casa
y el estudio donde estoy ahora escribiéndote esta carta y,
finalmente, me aplastara también a mí!"
(Su madre vivía en Suiza, en un hermoso chalet
construido en mitad de la verde ladera de una montaña,
no muy lejos de Ginebra, ciudad de la que el poeta,
por cierto, guardaba un mal recuerdo, dado que
en uno de sus burdeles disfrazados de barecitos
junto al lago, había contraido una fuerte infección venérea)
"Yo sé que tú piensas que eres un poeta o una cosa
de esas que le dan al trago porque suponen que
al final de la botella van a encontrar finalmente
la redención y el último vestigio de cordura antes de enloquecer"
"yo sé que el trago es para ti todo en la vida"
"y que las mujeres no representan para ti
más que un simple pretexto eyaculatorio
entre una borrachera y otra"
"yo sé que pescaste un chancro blando en Ginebra
hace algunos años"
"yo sé todo de ti, y aún más cosas, pequeño estupidín"
"por eso te conmino ahora,
con toda la fuerza y determinación de una madre,
a que dejes de una buena vez tu botellota"
... etc... etc...etc...
la carta constaba de 135 cuartillas...
algunos pasajes resultaban dignos de Verlaine
algunos otros ya los hubieran querido escribir Shelley
o uno de esos poetas románticos tenebrosos...
La madre del poeta era la madre de la Poesía
La madre que cunde en las noches de bohemia
como una sombra recordatoria de que todo cuanto
uno se dispone a emprender al amparo de la ebriedad
es un perfecto y rotundo error, una tremenda estupidez,
lo más abyecto, lo más ruin, lo último adonde puede llegar
la especie humana antes de cruzar la frontera de la animalidad...
El poeta leyó hasta la cuartilla veintitantos
de la carta de su madre
(un poco después del tercer capítulo)
se había tomado un par de cervezas en el interín
La mañana ya no aparecía tan luminosa
Las paredes sucias de su pocilga
eran como señales inexcusables
de su profunda culpabilidad
Su madre había vuelto a dar en el clavo
de donde colgaba el falso y arbitrario compendio
de verdad y belleza que el poeta había reunido trabajosamente
a lo largo de dos meses (dos meses de continua disipación)
como una prueba de la autenticidad del propósito que lo guiaba...
y ahora debía volver a empezar de cero...
sin nada otra vez...
como un pedazo de basura revoloteando en el viento...