Blanca como sus hermanas,
indistinguible entre la grey,
Carlota era una oveja
del todo inusual,
pues no se dejaba acobardar.
Cuando el pastor
las llevaba al prado,
ella encabezaba el ganado;
codo a codo con el perro,
de raza labrador,
se mantenía ojo avizor.
Sus orejas levantaba
ante cualquier ruido
que amenazara
la rumiante tranquilidad del rebaño,
atenta a cualquier cambio
en el aire que respiraba.
Si el aullido de un lobo
a sus oídos llegaba,
saltando sobre sus patas,
el gran cencerro
sobre su cuello agitaba,
hacia arriba, hacia abajo,
sonando como si fuera
una campana en arrebato.
" ¡No quiero ser como las demás.
Quiero mi vida controlar.
No permaneceré quieta, balando,
mientras los colmillos me van desgarrando!".
indistinguible entre la grey,
Carlota era una oveja
del todo inusual,
pues no se dejaba acobardar.
Cuando el pastor
las llevaba al prado,
ella encabezaba el ganado;
codo a codo con el perro,
de raza labrador,
se mantenía ojo avizor.
Sus orejas levantaba
ante cualquier ruido
que amenazara
la rumiante tranquilidad del rebaño,
atenta a cualquier cambio
en el aire que respiraba.
Si el aullido de un lobo
a sus oídos llegaba,
saltando sobre sus patas,
el gran cencerro
sobre su cuello agitaba,
hacia arriba, hacia abajo,
sonando como si fuera
una campana en arrebato.
" ¡No quiero ser como las demás.
Quiero mi vida controlar.
No permaneceré quieta, balando,
mientras los colmillos me van desgarrando!".