James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Caricias prisioneras
En la arcada sentimental que novelaban los niños bien, en la osadía de una aventura desmemoriada, allí en el calentón de un momento solitario de las manos, con las escamas del refugio de su hombría herida, en la percepción de una culpa inerte que aplaza la dualidad solitaria, cuando la soledad resiste a la memoria y lo que antes fue placer ahora es el derrame suculento de la virilidad, en el tierno palpitar de una fecundidad aplazada por la miseria que se esparce en el destierro de unos dedos que se limpian en el lavabo...
Mis caricias prisioneras
se consuelan dibujando
en el mapa de mis sueños ;
cartografías de amado.
En la arcada sentimental que novelaban los niños bien, en la osadía de una aventura desmemoriada, allí en el calentón de un momento solitario de las manos, con las escamas del refugio de su hombría herida, en la percepción de una culpa inerte que aplaza la dualidad solitaria, cuando la soledad resiste a la memoria y lo que antes fue placer ahora es el derrame suculento de la virilidad, en el tierno palpitar de una fecundidad aplazada por la miseria que se esparce en el destierro de unos dedos que se limpian en el lavabo...
Mis caricias prisioneras
se consuelan dibujando
en el mapa de mis sueños ;
cartografías de amado.