Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Hay lágrimas que no tienen consuelo.
Les he buscado un sitio en mis rodillas,
y lloro bocabajo, con los ojos cerrados,
gimo corto de miras, corto de entendederas.
Este llanto es tan solo metafórico,
porque lo escribo en verso y aún no lo he plasmado.
El calvario, el dolor, el sufrimiento,
bien merecen un gesto de cariño.
Pero no soy capaz de sacarlo del alma
-A cualquier cosa se le llama así.-.
Lo que puedo afirmar es que soy fuerte,
y que mi fortaleza -O mi paciencia.-
ha alcanzado su límite:
"Nunca llevé la cuenta del tiempo que he empleado
en conocerme,
en encerrarme,
en ser la cosa exacta que nunca quise ser,
lo único que nunca querría compartir."
¿De qué me vale a mí tanta sabiduría?
De nada me arrepiento, no mojé ni un pañuelo,
ya no sé si el rechazo me jodió la existencia
-¿El vuestro, o puede acaso ser el mío?-,
o si lo digo sólo...
Cara a la galería.
Les he buscado un sitio en mis rodillas,
y lloro bocabajo, con los ojos cerrados,
gimo corto de miras, corto de entendederas.
Este llanto es tan solo metafórico,
porque lo escribo en verso y aún no lo he plasmado.
El calvario, el dolor, el sufrimiento,
bien merecen un gesto de cariño.
Pero no soy capaz de sacarlo del alma
-A cualquier cosa se le llama así.-.
Lo que puedo afirmar es que soy fuerte,
y que mi fortaleza -O mi paciencia.-
ha alcanzado su límite:
"Nunca llevé la cuenta del tiempo que he empleado
en conocerme,
en encerrarme,
en ser la cosa exacta que nunca quise ser,
lo único que nunca querría compartir."
¿De qué me vale a mí tanta sabiduría?
De nada me arrepiento, no mojé ni un pañuelo,
ya no sé si el rechazo me jodió la existencia
-¿El vuestro, o puede acaso ser el mío?-,
o si lo digo sólo...
Cara a la galería.