Jcmch
Poeta veterano en el portal.
[center:441f8f51f5]Mucho pienso y pensaba entonces también,
en como podia yo alcanzar el cielo.
El cielo es una historia que se cuenta
al pasar el alba, y no conoce realidad al
aparecer la medianoche.
Busco ahora en mi mirada el resonante paraíso y...
¡Qué bello es pensar e imaginar su existencia!
Porque aunque mis huellas se desgranen
en las cenizas, mi memoria y mis recuerdos
se ciernen allá arriba, lejos, en la etérea superficie
que una vez escarbé en busca de tesoros,
que una vez pisé corriendo bajo la lluvia,
que muchas veces acaricie con mis manos al alba.
Triste es verme entre la miseria,
cuando tanta belleza, placer y riqueza viví allá.
Hermosa imagen, divinidad suprema y llana.
Esplendor bizarro, nuboso y extraño placer;
mi pecho cubierto de césped y tierra,
y mi clavícula ahogada por la sombra pálida
de una cruz que nace sobre mi cabeza.
Muchas manos logro observar a través
de la urna de pino fresco, manos que colocan
su energia en mi recuerdo, asi lo siento.
Y cuando logro alzar mi cuello, puedo ver,
la calcárea masa marfil que antes era mi cuerpo,
pensando firmemente en gritar, gritar algo como:
¡Dejad de llorar, impávida humanidad!
¡Dejad de llorarle a un caldo de gusanos y putrefacción,
y pensad mas bien en hacer algo digno
de vuestras cortas y delicadas existencias!
Dejad de cavilar y pensar si existe,
una vida después de la muerte, mas bien preparáos,
y atentos todos, porque no sabéis,
y si no sabéis, entonces debéis esperarlo todo.
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en como podia yo alcanzar el cielo.
El cielo es una historia que se cuenta
al pasar el alba, y no conoce realidad al
aparecer la medianoche.
Busco ahora en mi mirada el resonante paraíso y...
¡Qué bello es pensar e imaginar su existencia!
Porque aunque mis huellas se desgranen
en las cenizas, mi memoria y mis recuerdos
se ciernen allá arriba, lejos, en la etérea superficie
que una vez escarbé en busca de tesoros,
que una vez pisé corriendo bajo la lluvia,
que muchas veces acaricie con mis manos al alba.
Triste es verme entre la miseria,
cuando tanta belleza, placer y riqueza viví allá.
Hermosa imagen, divinidad suprema y llana.
Esplendor bizarro, nuboso y extraño placer;
mi pecho cubierto de césped y tierra,
y mi clavícula ahogada por la sombra pálida
de una cruz que nace sobre mi cabeza.
Muchas manos logro observar a través
de la urna de pino fresco, manos que colocan
su energia en mi recuerdo, asi lo siento.
Y cuando logro alzar mi cuello, puedo ver,
la calcárea masa marfil que antes era mi cuerpo,
pensando firmemente en gritar, gritar algo como:
¡Dejad de llorar, impávida humanidad!
¡Dejad de llorarle a un caldo de gusanos y putrefacción,
y pensad mas bien en hacer algo digno
de vuestras cortas y delicadas existencias!
Dejad de cavilar y pensar si existe,
una vida después de la muerte, mas bien preparáos,
y atentos todos, porque no sabéis,
y si no sabéis, entonces debéis esperarlo todo.
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