poetakabik
Poeta veterano en el portal
No nació el amor cuando dos se miraron,
ya estaba en el pulso que permite mirar;
no fue posesión ni deseo de atar,
sino el espacio donde ambos descansaron.
El amor no dice “mío” ni “mañana”,
no jura eternidades ni huye del fin;
permanece entero en lo que es así,
como la luz que no pide ventana.
Ama quien deja ser sin reclamar,
quien acompaña sin tomar la forma,
quien sabe irse sin romper la norma
de honrar lo vivido sin quererlo fijar.
El amor no salva ni condena,
no exige ser devuelto ni entendido;
es el gesto de estar compartido
cuando la vida se ofrece plena.
Y si un día no queda nombre ni voz,
ni recuerdo fiel de lo que fue amado,
habrá quedado el modo en que fue dado
lo más hondo de ser… sin condición.
Porque amar no fue durar en el otro,
ni vencer al tiempo ni al olvido:
fue estar despierto, entero y rendido
al milagro simple de ser nosotros.
ya estaba en el pulso que permite mirar;
no fue posesión ni deseo de atar,
sino el espacio donde ambos descansaron.
El amor no dice “mío” ni “mañana”,
no jura eternidades ni huye del fin;
permanece entero en lo que es así,
como la luz que no pide ventana.
Ama quien deja ser sin reclamar,
quien acompaña sin tomar la forma,
quien sabe irse sin romper la norma
de honrar lo vivido sin quererlo fijar.
El amor no salva ni condena,
no exige ser devuelto ni entendido;
es el gesto de estar compartido
cuando la vida se ofrece plena.
Y si un día no queda nombre ni voz,
ni recuerdo fiel de lo que fue amado,
habrá quedado el modo en que fue dado
lo más hondo de ser… sin condición.
Porque amar no fue durar en el otro,
ni vencer al tiempo ni al olvido:
fue estar despierto, entero y rendido
al milagro simple de ser nosotros.