• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Cansancio

DonQuevedo

Poeta recién llegado
Cansancio

Hay hombres que nacen
con una nube baja sobre la frente,
como si el cielo, al repartir sus luces,
hubiera dejado en ellos
un resto de penumbra.

No viven fuera del mundo,
pero lo atraviesan
como quien camina por una casa ajena:
con cuidado,
sin tocar demasiado las cosas,
sin saber bien dónde sentarse.

Otros, en cambio,
llevan el sol en los bolsillos.
La vida les abre puertas
con la naturalidad
con que el día abre las ventanas.

No los odio, ni los culpo.
solo los miro como se mira
un jardín al otro lado del muro:
con una mezcla de alegría y distancia.

Hay en ellos una música diaria,
una calma que se repite
como el pan sobre la mesa.
Para mí, en cambio,
la paz es apenas un visitante
que no se queda mucho.

Es curioso, estimado filósofo:
pensar el dolor es una cosa,
como dibujar una tormenta en un mapa;
pero otra muy distinta
es sentir cómo el cielo
se deshace encima.

Aun así,
no querría apagar ninguna lámpara.
Que sus casas sigan encendidas,
que la noche no los toque.

Lo mío es cotidiano
una perplejidad quieta,
como la de quien se detiene
frente a una fiesta iluminada
y escucha desde la calle
la música que no es para él.

Quizá solo sea este modo torpe de caminar
propio de mí,
mientras otros cruzan el mundo
como si la tierra
no cediera bajo sus pasos

"Poema" de Agustín Nataniel Canosa
 
Última edición:
Cansancio

Hay hombres que nacen
con una nube baja sobre la frente,
como si el cielo, al repartir sus luces,
hubiera dejado en ellos
un resto de penumbra.

No viven fuera del mundo,
pero lo atraviesan
como quien camina por una casa ajena:
con cuidado,
sin tocar demasiado las cosas,
sin saber bien dónde sentarse.

Otros, en cambio,
llevan el sol en los bolsillos.
La vida les abre puertas
con la naturalidad
con que el día abre las ventanas.

No los odio, ni los culpo.
solo los miro como se mira
un jardín al otro lado del muro:
con una mezcla de alegría y distancia.

Hay en ellos una música diaria,
una calma que se repite
como el pan sobre la mesa.
Para mí, en cambio,
la paz es apenas un visitante
que no se queda mucho.

Es curioso, estimado filósofo:
pensar el dolor es una cosa,
como dibujar una tormenta en un mapa;
pero otra muy distinta
es sentir cómo el cielo
se deshace encima.

Aun así,
no querría apagar ninguna lámpara.
Que sus casas sigan encendidas,
que la noche no los toque.

Lo mío es cotidiano
una perplejidad quieta,
como la de quien se detiene
frente a una fiesta iluminada
y escucha desde la calle
la música que no es para él.

Quizá solo sea este modo torpe de caminar
propio de mí,
mientras otros cruzan el mundo
como si la tierra
no cediera bajo sus pasos

"Poema" de Agustín Nataniel Canosa
Me ha gustado su elocuente reflexión sobre dos tipos de personas: aquellas que parecen cargar una sombra o nube baja sobre sus frentes, que atraviesan la vida con incertidumbre y distancia, y otras que llevan la luz del sol consigo, para quienes la vida se abre con facilidad y alegría.

Saludos
 
Atrás
Arriba