CANCIÓN PARA EL ÚLTIMO SUICIDA
No fue la taumaturgia del cielo azul
la que transformó su osamenta en teclas de piano
No fueron las ardientes mariposas
las que incendiaron de amor las aguas turbias
Fue la noche de ausente madrugada
asaltada por endechas y romances de jacas tordas
fueron las azoteas con sus nubes filamentosas
quienes dejaron aquella fórmula magistral que permitió el trastueque
Azoteas de plena noche cabalgadas por los perros lujuriosos
que aullaban a la luna con ojos como azabaches
aromas de jazmines y perfumes de enamoradas
dejaban el espacio suficiente para el advenimiento del cántico
Desde el vecino convento un éxtasis paralizaba las calles
y el sonido de un piano con sus teclas marfileñas
convocaba a los notarios y jueces de negra toga
para arengar a los buenos labradores de sudores agridulces
Pidieron que las manos extendidas formasen un trémulo sudario
nuevos muertos en la noche escalonada por los cirios
llegaban invocando su derecho a permanecer insepultos
pobres difuntos ajados por la falta de pigmentos
Las azucenas pedregosas sin aromas definidos
extendieron playas de conchas para el disfrute de los cérvidos
y todo sucedía en aquella desgraciada crónica de los hechos
como un dictum enervado por la inconsistencia de la lluvia
No prosigue el mar su eterna melodía en re menor
la ausencia de violines y gaviotas afinadas
impide que las cabelleras teñidas de rojo
enfaticen el amanecer con tonos discordantes
Tengo la misión encomendada de rectificar los hemisferios
y trazar nuevas líneas isobáricas que permitan aquietarse
a los habitantes irracionales de las tundras
he de preparar la llegada de los ángeles carniceros
Candelabros danzantes como abetos fulgurantes
iluminan las procesiones de los obreros madrugadores
es el misterio permanente y la consolidación de la eterna lucha de clases
mientras aquelarres de luciérnagas ofrecen sus conciertos
Ya no pasan las aguas hediondas bajo los puentes del Sena
ya el último suicida dejó sus apenados versos
en el café Procope junto a una escasa propina
el mar no recibirá su cuerpo.
Ilust.: “El Juego lúgubre.”1929. Salvador Dalí
No fue la taumaturgia del cielo azul
la que transformó su osamenta en teclas de piano
No fueron las ardientes mariposas
las que incendiaron de amor las aguas turbias
Fue la noche de ausente madrugada
asaltada por endechas y romances de jacas tordas
fueron las azoteas con sus nubes filamentosas
quienes dejaron aquella fórmula magistral que permitió el trastueque
Azoteas de plena noche cabalgadas por los perros lujuriosos
que aullaban a la luna con ojos como azabaches
aromas de jazmines y perfumes de enamoradas
dejaban el espacio suficiente para el advenimiento del cántico
Desde el vecino convento un éxtasis paralizaba las calles
y el sonido de un piano con sus teclas marfileñas
convocaba a los notarios y jueces de negra toga
para arengar a los buenos labradores de sudores agridulces
Pidieron que las manos extendidas formasen un trémulo sudario
nuevos muertos en la noche escalonada por los cirios
llegaban invocando su derecho a permanecer insepultos
pobres difuntos ajados por la falta de pigmentos
Las azucenas pedregosas sin aromas definidos
extendieron playas de conchas para el disfrute de los cérvidos
y todo sucedía en aquella desgraciada crónica de los hechos
como un dictum enervado por la inconsistencia de la lluvia
No prosigue el mar su eterna melodía en re menor
la ausencia de violines y gaviotas afinadas
impide que las cabelleras teñidas de rojo
enfaticen el amanecer con tonos discordantes
Tengo la misión encomendada de rectificar los hemisferios
y trazar nuevas líneas isobáricas que permitan aquietarse
a los habitantes irracionales de las tundras
he de preparar la llegada de los ángeles carniceros
Candelabros danzantes como abetos fulgurantes
iluminan las procesiones de los obreros madrugadores
es el misterio permanente y la consolidación de la eterna lucha de clases
mientras aquelarres de luciérnagas ofrecen sus conciertos
Ya no pasan las aguas hediondas bajo los puentes del Sena
ya el último suicida dejó sus apenados versos
en el café Procope junto a una escasa propina
el mar no recibirá su cuerpo.
Ilust.: “El Juego lúgubre.”1929. Salvador Dalí