Alfonso Sáenz
Poeta recién llegado
Y allá vamos de nuevo,
dibujando una zanja
en este vetusto suelo
mientras miro la colorida franja.
Los pies de mi montaña son viejos,
denotan la miseria
de un sendero profundamente estrecho,
¡tan angosto!, sin periferia.
Allá voy con fuerza sujetando el palpitante mechero,
apenas partí con un sísmico semblante,
¡tan inquietante!, perecedero,
despertador de la observación apasionante.
La llama en mi escudo calienta el caldero,
en él el sustento se prepara
para alimentar mis sueños, mis coquetos deseos,
los que bajo mi almohada descansan.
En el camino, de mi valentía soy el arriero
aunque repetidas veces
se canse mi caballo de terciopelo,
el que supera a mi cuerpo con creces.
Muchos en la senda son guerreros
con ideas flexibles
pero impetuoso brío eterno,
¡tan intacto!, inextinguible.
Allá voy mirándome ciego,
arribaré al nacimiento de la inmarcesible pradera,
casi vivo, casi muerto,
¡tan precario!, como el filo de mi cumbre entera.
Por aquellos que han llegado
me encamino con honor y dignidad,
y aunque a veces me sumerja en salados llantos,
pienso transitar en prosperidad.
dibujando una zanja
en este vetusto suelo
mientras miro la colorida franja.
Los pies de mi montaña son viejos,
denotan la miseria
de un sendero profundamente estrecho,
¡tan angosto!, sin periferia.
Allá voy con fuerza sujetando el palpitante mechero,
apenas partí con un sísmico semblante,
¡tan inquietante!, perecedero,
despertador de la observación apasionante.
La llama en mi escudo calienta el caldero,
en él el sustento se prepara
para alimentar mis sueños, mis coquetos deseos,
los que bajo mi almohada descansan.
En el camino, de mi valentía soy el arriero
aunque repetidas veces
se canse mi caballo de terciopelo,
el que supera a mi cuerpo con creces.
Muchos en la senda son guerreros
con ideas flexibles
pero impetuoso brío eterno,
¡tan intacto!, inextinguible.
Allá voy mirándome ciego,
arribaré al nacimiento de la inmarcesible pradera,
casi vivo, casi muerto,
¡tan precario!, como el filo de mi cumbre entera.
Por aquellos que han llegado
me encamino con honor y dignidad,
y aunque a veces me sumerja en salados llantos,
pienso transitar en prosperidad.