Loco
Poeta fiel al portal
Sentado en mi lápida de mármol negro,
sobre mi nombre ya erosionado por el odio,
me mezclo con el humo de cigarro de hierro
dentro de la criba absoluta del eco de silencio.
Dejadez de la impregnada cruel, ruta urbana
del olvido encendido de gris en el basalto ,
te digo con humildad de trasparencia hermano,
no he vivido, he sido un destierro
de pies hundidos en obscenas rimas de desprecio.
Me atraviesan cucarachas que surcan el espacio,
máquinas infernales que crujen en mi vientre
y explotan en mi caos de silente rapidez
a encontrarme con el señor del confuso bien.
No dejan ver desprendidos aromas
en mis solidarias manos apresadas en maromas
que deforman tu plata fulgente de armadura hueca.
Quiero vivir de nuevo la algarabía, la fiesta,
de mis pasados rememorados en un lago oscuro y congelado,
cuando todos eran luciérnagas de noche volando
locas sobre mis días de fresa ácidas inciertos.
Soy entelequia, sin nombre conocido,
soy la nada que todo da sentido.
Vacío ahora, me lleno entero
de tus nebulosos deseos ocultos en tu miedo.
Y de ellos hago mi sello de fuego y oro.
Aquí por un momento fugaz,
percibo mi caprichosa sombra de lengua voraz,
en hiriente costra de la cicatriz de tu inocencia rota.
Salen luces del agujero de la inercial galaxia
y renazco en un haz magenta y doblado hasta la crítica.
Cegado en la gruta de la peste de los soñadores,
te suplico, no me mires, no me ames,
soy el corruptor de tu insípida madurez
de sabina que reta al viento del combate.
Aparta de ti ese amargo cáliz de tu rectitud,
te dará veneno de estrofas caóticas
a tu rutina hija primigenia del agobio.
Aquí, sobre mi propia ruinosa tumba
soy el olvidado añorante renacido,
del espíritu reencarnado por el cielo
en tu amante secreto, caminante de sueños.