Mueren los indios otra vez,
en la pradera de trolas,
no es la orgia de sangre
de la agraviada Ayacucho.
Mueren deplorablemente las esperanzas
de los miles y cuantos engañados
en los actos de una roba luz,
come pollo, lava pies, etc.
Falta un González Prada
que hable a calzón quitado
y la puta caiga en tres palabras.
Quien critique los actos del ocioso,
se convierte en fugitivo
y entre las alcantarillas
como Pandemonio a otro lugar a radicar.
Justicia a los injustos
e injusticia a los justos,
eso es ahora sin poder remediar,
pues el verde ahora sofoca al justo.
Se hará como antes,
pues ahora permanecemos
en cruda alerta roja,
como dijo El sibarita:
el teólogo fantaseará sobre
la política interior,
que acto bochornoso.
Nosotros somos las abejas obreras,
trabajando para los disparates de la abeja reina,
para traer escorpiones asiáticos ahora
con el sudor de nuestra frente,
regalando polen sin que nos den algo,
y el soldadito de plomo encima de este
muere como una abeja zángano al final de su acto.
Esto es el descaro de los
que se creen ser esplendorosos dioses.
en la pradera de trolas,
no es la orgia de sangre
de la agraviada Ayacucho.
Mueren deplorablemente las esperanzas
de los miles y cuantos engañados
en los actos de una roba luz,
come pollo, lava pies, etc.
Falta un González Prada
que hable a calzón quitado
y la puta caiga en tres palabras.
Quien critique los actos del ocioso,
se convierte en fugitivo
y entre las alcantarillas
como Pandemonio a otro lugar a radicar.
Justicia a los injustos
e injusticia a los justos,
eso es ahora sin poder remediar,
pues el verde ahora sofoca al justo.
Se hará como antes,
pues ahora permanecemos
en cruda alerta roja,
como dijo El sibarita:
el teólogo fantaseará sobre
la política interior,
que acto bochornoso.
Nosotros somos las abejas obreras,
trabajando para los disparates de la abeja reina,
para traer escorpiones asiáticos ahora
con el sudor de nuestra frente,
regalando polen sin que nos den algo,
y el soldadito de plomo encima de este
muere como una abeja zángano al final de su acto.
Esto es el descaro de los
que se creen ser esplendorosos dioses.