SANDINUS
Poeta recién llegado
CALAMBRES DE MUERTO
Un bulto tembloroso, un cadáver anónimo
sin remitente, fue olvidado a las orillas del edén
sus entrañas titiritan en la intemperie huesuda,
impulsos de pez destripado, calambres de muerto,
espasmódicas lombrices partidas por la mitad.
Las guadañas acechan hambrientas de alma,
el sol ensangrentado enciende el ojo de los buitres
y el horizonte con su disfraz de electrocardiograma
marca el pulso de la tarde.
A lo lejos una sirena gime en ambulancia,
se tensan las cuerdas de los ahorcados,
el alquimista vencido rompe sus matraces,
y sobre su hombro una lagartija vestida de luto
le regala un racimo de sus colas.
La muerte, discute con un ángel burócrata
esperando ansiosa en la sala de electroshocks,
su reloj anuncia sus citas rutinarias,
en el disparo fugaz de un gatillo suicida,
entre el paso errado de un peatón distraído,
sobre los vegetales en huelga de eutanasia,
en la cuenta regresiva de una bomba terrorista,
y en la madrugada la espera un banquete caduco
bajo el edredón silencioso de los asilos.
Nuestro agónico protagonista, abandonado,
sigue retorciéndose en el limbo mortuorio,
en el ultimo hálito de supervivencia,
sus ojos petrificados se nublan de cielo
y su pulmón agujereado exhala monosílabos
que suenan a despedida.
Gallinas degolladas aletean a su alrededor
sus cabezas en el suelo ven huir su cuerpo a la lejanía
dejando un camino de plumas rojas que suavemente
es arrastrado por el viento.
Un zombi bosteza
y cambia de pagina....
Un bulto tembloroso, un cadáver anónimo
sin remitente, fue olvidado a las orillas del edén
sus entrañas titiritan en la intemperie huesuda,
impulsos de pez destripado, calambres de muerto,
espasmódicas lombrices partidas por la mitad.
Las guadañas acechan hambrientas de alma,
el sol ensangrentado enciende el ojo de los buitres
y el horizonte con su disfraz de electrocardiograma
marca el pulso de la tarde.
A lo lejos una sirena gime en ambulancia,
se tensan las cuerdas de los ahorcados,
el alquimista vencido rompe sus matraces,
y sobre su hombro una lagartija vestida de luto
le regala un racimo de sus colas.
La muerte, discute con un ángel burócrata
esperando ansiosa en la sala de electroshocks,
su reloj anuncia sus citas rutinarias,
en el disparo fugaz de un gatillo suicida,
entre el paso errado de un peatón distraído,
sobre los vegetales en huelga de eutanasia,
en la cuenta regresiva de una bomba terrorista,
y en la madrugada la espera un banquete caduco
bajo el edredón silencioso de los asilos.
Nuestro agónico protagonista, abandonado,
sigue retorciéndose en el limbo mortuorio,
en el ultimo hálito de supervivencia,
sus ojos petrificados se nublan de cielo
y su pulmón agujereado exhala monosílabos
que suenan a despedida.
Gallinas degolladas aletean a su alrededor
sus cabezas en el suelo ven huir su cuerpo a la lejanía
dejando un camino de plumas rojas que suavemente
es arrastrado por el viento.
Un zombi bosteza
y cambia de pagina....