Andersson Causaya
Poeta recién llegado
Febrero 27 / 2018
Cada tarde la esperaba, salia a media noche de casa, a oscuras a tientas, esperaba los primeros rayos de sol, y allí estaba su soledad, sus mañanas de páramo su ingenuidad.
Cada mañana la esperaba, salia a media tarde de sus cielos, volaba, aterrizaba y se sentaba a esperarla y no la encontraba.
Cada madrugada la esperaba salia a mitad de cada siglo se incrustaba en los meses felices, se arrastraba por los días de invierno y en el Enero más opaco se sentaba y esperaba días, segundos y se dormía y pasaban unos cuantos siglos, despertaba de nuevo en los Eneros y seguía esperando.
Cada risa la esperaba, se ponía su mejor traje, se arreglaba sus medias rotas, remendaba su corazón roto, se lavaba el pelo lacio y pobre y su esperanza se hacia infinita, pero no llegaba, se pasaba la tarde, la noche y caían los siglos y ella no llegaba y sin embargo a 3 pasos de él ella lo esperaba.
Cada tarde la esperaba, salia a media noche de casa, a oscuras a tientas, esperaba los primeros rayos de sol, y allí estaba su soledad, sus mañanas de páramo su ingenuidad.
Cada mañana la esperaba, salia a media tarde de sus cielos, volaba, aterrizaba y se sentaba a esperarla y no la encontraba.
Cada madrugada la esperaba salia a mitad de cada siglo se incrustaba en los meses felices, se arrastraba por los días de invierno y en el Enero más opaco se sentaba y esperaba días, segundos y se dormía y pasaban unos cuantos siglos, despertaba de nuevo en los Eneros y seguía esperando.
Cada risa la esperaba, se ponía su mejor traje, se arreglaba sus medias rotas, remendaba su corazón roto, se lavaba el pelo lacio y pobre y su esperanza se hacia infinita, pero no llegaba, se pasaba la tarde, la noche y caían los siglos y ella no llegaba y sin embargo a 3 pasos de él ella lo esperaba.