Puerto de La Habana, Septiembre de 1836.
- Me llamo Carmen. dijo la niña con porte altanero.
- ¿Carmen? Yo soy Gustavo. respondió el chico. Gustavo Moreira y Valiente.
Era una tarde soleada en el Puerto de la Habana. Doña Francisca había salido aprovechando el buen tiempo, llevaba consigo a su pequeño hijo, Gustavo, y una comitiva de sirvientas. Doña Francisca gustaba de ver el mar y pasear por el puerto. Era la esposa de un alto funcionario del gobierno de Miguel Tacón y Rosique, que había sido instaurado apenas hace dos años. Gustavo era un niño inquieto. Poco tardó en alejarse de su madre y mezclarse entre el bullicio de los pescadores y mercantes. Ahí estaba Carmen, una niña mulata descalza y vestida con harapos. Pese a su aspecto lamentable lucía la cabeza bien alta, y era una muchacha recia y saludable. Tenía una larga melena negra y rizada, que le llegaba por las nalgas; y la piel dorada por el sol.
- Soy hijo de Don Juan Andrés Moreira Herrera, oficial de la Armada Española en las colonias. Y soy gallego de cuna y corazón.
- No me importa quién seas. respondió la niña.
- Y vos, ¿de dónde sois? ¿Quién es vuestro padre?
- Yo no tengo padre. He vivido aquí toda mi vida.
- ¿Eres huérfana?
- No. Simplemente no tengo padre alguno. ¿Es que todos los niños han de tener padre?
- ¡Claro! Si no tenéis padre no podéis ser nadie. Es lógico que sea así.
- ¡Sí soy!
- ¿Qué sois?
- Soy pirata. Sí, pirata. Y de todas la peor.
- ¿Pirata? Eso es imposible. Todo el mundo sabe que llevar una mujer a bordo es de mal fario.
- Eso no es cierto. Soy pirata. Y mi barco es el más hermoso de toda Cuba.
- ¿Y dónde está ese barco?
- Es este de aquí. dijo la niña señalando a una pequeña barca pesquera.
- ¡Hahahaha! rió el muchacho. Mirad aquel navío que está anclado allá al fondo. Se llama la Joya de Santiago, y cuando sea grande, mi padre me lo dará. ¿A que es hermoso?
La niña clavó los ojos en un imponente buque de guerra de tres palos con aparejo de velas cuadradas, tres cubiertas artilladas, con 110 cañones y 2 morteros. En lo alto del mástil principal ondeaba la bandera de la Armada y en el lateral estaba escrito en letras doradas: Joya de Santiago. La niña quedó boquiabierta ante la mirada burlona del chico.
- De acuerdo. Puede que de momento me lleves ventaja. Pero te prometo que algún día seré la pirata más temida del mundo.
- Me temo que no será posible.
- ¿Por qué?
- Porque yo seré aquel cuyo nombre resuene por todas las Antillas. Recuerde mi nombre, señorita. Algún día pertenecerá al pirata más bravo del que se haya oído jamás.
- No mientras yo pueda evitarlo.
La discusión fue interrumpida por una de las criadas de Doña Francisca, la cual bajó en busca del muchacho. Con severidad cogió a este del brazo y le llevó con su madre, regañándole por sus locas fantasías. Los dos niños quedaron separados el uno del otro, y Carmen gritó a voz en cuello:
- Volveremos a encontrarnos, Gustavo Moreira. Y cuando eso suceda, seré la pirata más terrible de todo el Caribe.
En Abril de 1850, Don Gustavo Moreira y Valiente fue condenado a la horca por alta traición a la patria. La versión oficial fue que su padre, enfurecido por haber engendrado un hijo traidor, mandó destruir La Joya de Santiago. Según las malas lenguas Gustavo escapó a bordo del navío y se ocultó en alguna parte de Centroamérica.
De Carmen, nunca se supo nada.
En este mismo portal puse hace tiempo un poema en honor a este personaje de mi invención:
http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=3020
Cabello de Ébano.