BERLÍN.
Las heridas de las fachadas
no se curan con cristal pulido,
en un lugar donde la memoria ofende
y la historia renace cosmopolita.
Otro nuevo milagro surgió
para rehacer lo desecho
por las bombas amigas de esos aliados
amigos de solares y muros.
El orgullo crea prodigios
para luego destruirlos
vanagloriándose en el ladrillo
para olvidar al hombre.
Jose Sierra
Las heridas de las fachadas
no se curan con cristal pulido,
en un lugar donde la memoria ofende
y la historia renace cosmopolita.
Otro nuevo milagro surgió
para rehacer lo desecho
por las bombas amigas de esos aliados
amigos de solares y muros.
El orgullo crea prodigios
para luego destruirlos
vanagloriándose en el ladrillo
para olvidar al hombre.
Jose Sierra