PANTHER
Poeta adicto al portal
Recuerdo que ese día fue el peor de mi vida, la tristeza invadía todo mi ser consumiendo mi energía, sólo deseaba dormir no sé si para recuperarme o para quedarme dormido para siempre, eso es lo que uno desea cuando ya no siente fuerzas para luchar.
Me entregué al sueño sin saber que sucedería, entonces se detuvo el tiempo y fue cuando entre en aquel espacio oscuro, abrí los ojos pero de nada valdría, todo era confuso, todo era tiniebla. Aun así me puse de pie y comencé a caminar buscando no sé qué, tal vez respuestas que aclararan mi confusión, tal vez una salida. Camine no sé cuanto ni en distancia ni en tiempo, todo eso era relativo, de pronto la oscuridad empezó a desaparecer, sentí un aire helado recorriendo mi cuerpo y levante la mirada, vi el cielo nublado, las nubes eran casi negras, por su tono cualquiera podría afirmar que se avecinaba una gran tormenta. Después mire a mi alrededor me encontraba en un campo ¿qué hacía yo vestido como un guerrero preparado para un combate en aquel lugar tan solitario? ¿De qué se trataba todo lo que estaba en aquel instante viviendo? ¿Es un sueño? No cesaba mi pensamiento de tantos cuestionamientos.
Pensé estar solo en aquel lugar cuando a la distancia vi algo acercarse, cuando estaba a escasos metros me sorprendí, era una bestia, sentí temor, su mirada era intensa y sus ojos rojos fundían cualquier otra mirada, quería devorarme; yo tenía dos opciones permitirlo sin hacer ningún esfuerzo o atacar, luchar sin pensar que podía morir. Me vi con una armadura, pensé para esto estoy creado, para luchar y así lo hice. Lo derrote y antes de morir me dijo: soy tus miedos. No entendí estaba exhausto, pensé que eso sería todo y que con eso volvería o despertaría si aquello era un sueño y no fue así, a penas logre ponerme de pie cuando vi venir hacia mí un ejército todos armados y en su rostro estaba marcada una furia que no había visto jamás en el rostro de alguna criatura. Esta vez no podre me dije estoy solo aun así sentí el deseo profundo de luchar y de no profetizar mi derrota.
Uno a uno fui aniquilando a ese ejército, quedaban a mis pies derrotados, muertos, hasta que la batalla termino había vencido, si estaba cansado pero en la victoria había renovado mis fuerzas, no mas bestias, no mas ejércitos y no mas batallas. En eso se oyó un estruendo, el cielo me hablaba diciendo: que cruel batalla he visto de un hombre contra sí mismo.
Última edición:
