Armando Gómez
Poeta recién llegado
Que cargada de desazón esa sintonía
La pócima en la palabra negra, del que recoge del mundo su carga energética,
Voltaje hipnótico
Manos atadas,
labios borrados,
Censura interna, gobierno dictatorial del reloj atormentante
Monstruo libre de expresarse, que asusta entre más se le esconda
Riqueza de sobras de tiempos nublados, tesoros de la psique motorizada, que se hizo orgullosa de su castillo
Y terminó haciendo el sacrilegio de su templo, por martirizar al rey
Monarca testarudo, que quiso alzar la frente y terminó alzando la cruz
Cachetada de pobreza compartida, que en la agonía revitaliza
Lujo nada encasillable,
Miseria saboreable,
consciente
Cantor que respira aliento fresco entre los intervalos de esas agujas
Calo de humo, señal más apropiada del fuego interno
Vueltas de almohada como parte fría y caliente del verso
Rabia de flamenco, castañuelas gritando el ritmo del amor que no puede trascender
Y golpea con sus pies el salón de baile, con la tristeza del querer amarrado
Tacón de musa mía,
que tiene que pisar y agujerear, para dejar ver el sótano con forma de cúpula
Subterráneo habitáculo,
campo de 700 yardas
Oficina del corazón delator
Locura experimental,
triángulos
que en su sonidos sutiles aconsejan
Baqueta metálica del viento nuevo
Susurro alarmante del despertar deseado
Nubes rojas,
precipitación de líquido vital
Diluvio sangrante,
Titanic sonriente
Whisky de bukowski, entre violines y futuros náufragos
Que aprenden a nadar con su "Redemption Song"
Espíritu joven subiendo
Cuerdas flojas, acordes de viejo trote humilde, y de la recién nacida verdad, escandalosa y punzante
Lanchita de canto folklórico
Palenque de Diógenes en su versión más sincera
Gallo que hace ruido hasta reventar,
Pues su cresta está decorada por el silencio, ese que dejó la espuela pulida, para dejar signos de pelea.
La pócima en la palabra negra, del que recoge del mundo su carga energética,
Voltaje hipnótico
Manos atadas,
labios borrados,
Censura interna, gobierno dictatorial del reloj atormentante
Monstruo libre de expresarse, que asusta entre más se le esconda
Riqueza de sobras de tiempos nublados, tesoros de la psique motorizada, que se hizo orgullosa de su castillo
Y terminó haciendo el sacrilegio de su templo, por martirizar al rey
Monarca testarudo, que quiso alzar la frente y terminó alzando la cruz
Cachetada de pobreza compartida, que en la agonía revitaliza
Lujo nada encasillable,
Miseria saboreable,
consciente
Cantor que respira aliento fresco entre los intervalos de esas agujas
Calo de humo, señal más apropiada del fuego interno
Vueltas de almohada como parte fría y caliente del verso
Rabia de flamenco, castañuelas gritando el ritmo del amor que no puede trascender
Y golpea con sus pies el salón de baile, con la tristeza del querer amarrado
Tacón de musa mía,
que tiene que pisar y agujerear, para dejar ver el sótano con forma de cúpula
Subterráneo habitáculo,
campo de 700 yardas
Oficina del corazón delator
Locura experimental,
triángulos
que en su sonidos sutiles aconsejan
Baqueta metálica del viento nuevo
Susurro alarmante del despertar deseado
Nubes rojas,
precipitación de líquido vital
Diluvio sangrante,
Titanic sonriente
Whisky de bukowski, entre violines y futuros náufragos
Que aprenden a nadar con su "Redemption Song"
Espíritu joven subiendo
Cuerdas flojas, acordes de viejo trote humilde, y de la recién nacida verdad, escandalosa y punzante
Lanchita de canto folklórico
Palenque de Diógenes en su versión más sincera
Gallo que hace ruido hasta reventar,
Pues su cresta está decorada por el silencio, ese que dejó la espuela pulida, para dejar signos de pelea.