Pena por uno y aquí estoy sentada,
pero nadie mira y menos aún creen.
El cielo arde rojo, incinerándome y chamuscando el paisaje,
un sol apocalíptico cristaliza mis pensamientos,
los deseos afloran, se zambullen y se esconden
entre los túneles, cavidades y criptas de mi mente,mientras
flecos de punta de pluma forman florituras de carbón.
Plumaje de satén de arreglado a destrozado,
el vívido contraste blanco negro
ya no tiene una frontera tan definida.
En esta luz, este aire pesado y pegadizo,
mi iridiscencia no se presenta.
Topacio, magenta; ámbar, jade,
estos son los colores - el brillo que antes conocía.
Llamadas sobre tejado, el marrón se refleja carmesí
sin respuesta del introvertido
óxido de las parabólicas y pintura gris desconchada.
En un sitio lejos de donde estoy, unos cuervos disfrutarán
una percha de un intenso violeta,
pero aquí el rojo es tan profundo, esta puesta de sol final,
no hay sutiles insinuaciones de esperanza en un cielo azul.
El esplendor menguante se desintegra
espolvoreándonos entre casas,
goteando hasta alguna cripta sociopática.
No les veo salir de su pretencioso silencio
para pastar en mis restos carbonizados : baño escarlata de mi sangre.
Ningún reflejo culpable del sol en sus caras saturadas
cada día; cada puerta se cierra, en esta sociedad enjaulada y taciturna.
pero nadie mira y menos aún creen.
El cielo arde rojo, incinerándome y chamuscando el paisaje,
un sol apocalíptico cristaliza mis pensamientos,
los deseos afloran, se zambullen y se esconden
entre los túneles, cavidades y criptas de mi mente,mientras
flecos de punta de pluma forman florituras de carbón.
Plumaje de satén de arreglado a destrozado,
el vívido contraste blanco negro
ya no tiene una frontera tan definida.
En esta luz, este aire pesado y pegadizo,
mi iridiscencia no se presenta.
Topacio, magenta; ámbar, jade,
estos son los colores - el brillo que antes conocía.
Llamadas sobre tejado, el marrón se refleja carmesí
sin respuesta del introvertido
óxido de las parabólicas y pintura gris desconchada.
En un sitio lejos de donde estoy, unos cuervos disfrutarán
una percha de un intenso violeta,
pero aquí el rojo es tan profundo, esta puesta de sol final,
no hay sutiles insinuaciones de esperanza en un cielo azul.
El esplendor menguante se desintegra
espolvoreándonos entre casas,
goteando hasta alguna cripta sociopática.
No les veo salir de su pretencioso silencio
para pastar en mis restos carbonizados : baño escarlata de mi sangre.
Ningún reflejo culpable del sol en sus caras saturadas
cada día; cada puerta se cierra, en esta sociedad enjaulada y taciturna.