Évano
Libre, sin dioses.
Soy la luna en el día,
un esqueleto,
un espectro difuso
por la luz.
Soy simple de repente,
un eclipse
de esqueleto al mediodía.
Soy los huesos y carnes
que parecen
sombra que vaga un mundo
de miserias.
De repente te sacan
de la luz
y te ves de moldura
de tu lienzo:
un marco que te encuadra
tu universo,
y a Cúmulos y Vías
Lácteas y Sistemas
Solares de las Tierras
de peonzas.
Te conformas con ser
tan solo sombra
cercana al agujero
de la noche,
esa noche infinita
de lo eterno.
Y abandonas el marco
como espíritu
de histérico y de loco;
y, desde no se sabe,
ves lo Otro desde el más
allá de Todo:
al cuadro donde clavan
las dagas cuatro esquinas.
Una daga en cada ángulo
de la vida:
La Muerte
Y contemplo a mi lienzo
y a la noche de un cosmos
donde flotan planetas
un cordón
de niebla umbilical
e imagino
que algún día
brotará La VIDA
en ese mundo.
 
Me contemplo.
Yo, más allá del haz
estático,
la infinita
o ese sueño en conjunto.
He logrado que el tiempo
Fugitivo del cuadro que nos tiene.
a Sombra,
u evadirse de un sol que nos quema y somete a tiempos y a espacios tan extraños.
Soy efigie que mira
que viaja adonde nadie
adivina ni sabe
un viaje sin principio
de ángeles y demonios
te somete a la cárcel
de la Tierra,
donde debes dejar
que te invada uno
de los dos Avatares:
el de luz,
dibujo de mí mismo,
o esa otra dimensión:
un cuerpo de inercia
un esqueleto,
un espectro difuso
por la luz.
Soy simple de repente,
un eclipse
de esqueleto al mediodía.
Soy los huesos y carnes
que parecen
sombra que vaga un mundo
de miserias.
De repente te sacan
de la luz
y te ves de moldura
de tu lienzo:
un marco que te encuadra
tu universo,
y a Cúmulos y Vías
Lácteas y Sistemas
Solares de las Tierras
de peonzas.
Te conformas con ser
tan solo sombra
cercana al agujero
de la noche,
esa noche infinita
de lo eterno.
Y abandonas el marco
como espíritu
de histérico y de loco;
y, desde no se sabe,
ves lo Otro desde el más
allá de Todo:
al cuadro donde clavan
las dagas cuatro esquinas.
Una daga en cada ángulo
de la vida:
La Muerte
o la mujer.
La Vida
que da el hombre.
El tiempo
de la luz.
Y el Espacio
de sombras.
 
Y contemplo a mi lienzo
por completo,
sin pinturas al óleo,
y a la noche de un cosmos
donde flotan planetas
como ojos que se observan
mientras entra en la tierra
un cordón
de niebla umbilical
como arcoíris que enraíza en la Tierra onírica del hombre.
Y contemplo en silencio
e imagino
que algún día
brotará La VIDA
en ese mundo.
 
Me contemplo.
Yo, más allá del haz
fuera del universo,
viendo el cordón,
estático,
no estando,
desde la dimensión
que nadie ve,
mirando al rayo que corre
la infinita
expansión
del universo
o ese sueño en conjunto.
y el espacio
no sean.
Fugitivo del cuadro que nos tiene.
Salí de la materia
que atrae y crea y mata
a Sombra,
Luz
y Tiempo
u evadirse de un sol que nos quema y somete a tiempos y a espacios tan extraños.
en afueras del marco
a ese tren de la luz
que viaja adonde nadie
adivina ni sabe
ni ese Einstein mentiroso.
Imagino a lo eterno:
un viaje sin principio
y sin fin.
Y pienso y sé y veo
por no estar
que el cuerpo es Avatar
de ángeles y demonios
o de luces y sombras.
La gravedad del Sol
te somete a la cárcel
de la Tierra,
donde debes dejar
que te invada uno
de los dos Avatares:
el de luz,
o la sombra
del eterno negror
del espacio;
o esa nada:
la maldad
de la materia oscura,
de la oscura energía.
Yo, ya sin Avatar,
contemplo el cuadro
dibujo de mí mismo,
La soledad,
donde abandonado queda
un cuerpo de inercia
de Avatar.
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