cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
AUTOPSIA DE LAS LETRAS
De mis historias fantasmagóricas
Quise experimentar el fondo fisiológico de las letras, y me bastó una sola, para mí investigación: tomé un bisturí, no sin antes ponerme los guantes, como hacen los cirujanos para efectuar la disección, lenta y cuidadosamente. Hice un corte en su delgadísima dermis, pensé brotaría sangre de un color diferente, al ya comúnmente conocido, o cualquier otro líquido, pero no encontré ni siquiera la más mínima gota. Pensé en la semejanza de una hormiga, pero lo único encontrado fue, un reproductor miniatura, aún con débiles señales; tan diminuto que hubo necesidad de usar una lente de grueso calibre de doble aumento, y un potente amplificador de sonido. Escuché lo parecido a un quejido, entonces supe que las letras son magnificas receptoras del pensamiento del escritor, y guardan en ese diminuto receptor, cada palabra de lo escrito.
Cuando se guardan en cualquier página escrita, donde logran alojarse como suyo, en su lectura todavía se escucha de su parte cada frase lo que está escrito, automáticamente. Lo que quiere decir que cuentan con vida e imperceptiblemente, gozan, lloran, cantan, sienten y sufren, según de lo que trate el texto, transmitido como ya se dijo de la mente de quien escribe. Cuando se trata de largos meses, van perdiendo el habla por decirlo de esa manera, y queda solamente su figura grabada en papel, como dibujos prehistóricos. Luego les pasaré, lo que sucede con las letras escritas en computadora, aunque me imagino que, por ser electrónicas, solamente actúan, como diminutos robots.
Lo último investigado, es que las letras mayúsculas tienen cierta autoridad sobre las minúsculas y, que las consonantes son esclavas de las vocales. Además que las letras escritas en otro idioma, pertenecen a otra categoría y se presume pertenecen a otra especie, superior a las de la lengua castellana. Increíble que hasta en las letras existan diferencias sociales.
cristóbal monzón lemus.
respiro luego escribo
De mis historias fantasmagóricas
Quise experimentar el fondo fisiológico de las letras, y me bastó una sola, para mí investigación: tomé un bisturí, no sin antes ponerme los guantes, como hacen los cirujanos para efectuar la disección, lenta y cuidadosamente. Hice un corte en su delgadísima dermis, pensé brotaría sangre de un color diferente, al ya comúnmente conocido, o cualquier otro líquido, pero no encontré ni siquiera la más mínima gota. Pensé en la semejanza de una hormiga, pero lo único encontrado fue, un reproductor miniatura, aún con débiles señales; tan diminuto que hubo necesidad de usar una lente de grueso calibre de doble aumento, y un potente amplificador de sonido. Escuché lo parecido a un quejido, entonces supe que las letras son magnificas receptoras del pensamiento del escritor, y guardan en ese diminuto receptor, cada palabra de lo escrito.
Cuando se guardan en cualquier página escrita, donde logran alojarse como suyo, en su lectura todavía se escucha de su parte cada frase lo que está escrito, automáticamente. Lo que quiere decir que cuentan con vida e imperceptiblemente, gozan, lloran, cantan, sienten y sufren, según de lo que trate el texto, transmitido como ya se dijo de la mente de quien escribe. Cuando se trata de largos meses, van perdiendo el habla por decirlo de esa manera, y queda solamente su figura grabada en papel, como dibujos prehistóricos. Luego les pasaré, lo que sucede con las letras escritas en computadora, aunque me imagino que, por ser electrónicas, solamente actúan, como diminutos robots.
Lo último investigado, es que las letras mayúsculas tienen cierta autoridad sobre las minúsculas y, que las consonantes son esclavas de las vocales. Además que las letras escritas en otro idioma, pertenecen a otra categoría y se presume pertenecen a otra especie, superior a las de la lengua castellana. Increíble que hasta en las letras existan diferencias sociales.
cristóbal monzón lemus.
respiro luego escribo
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