ADRIAN ARANDA
Poeta recién llegado
En el sin fin de las oportunidades una realidad es la que nos diferencia,
En un mundo imprescindible,el genio deslumbra imagen en una opaca pared oscura.
La incertidumbre del hombre es pérfida y evolutiva,tal elocuencia lleva al exilio de las ideas y los mareos pasajeros pierden razón;cuál anciano que lleva relatos en huellas de yeso al olvido de una raza tan insana.
Preferible la guerra ante que la masacre obsesiva de la envidia,los celos y la codicia.
Saltos congelados en el aire, sincronía radiante del ego profundo en una tierra árida de carroñeros errantes que promulgan sacrilegio en un acto de dolor.
La raza que nos une es la sangre que nos separa,la mano que golpea es la misma que acaricia y el sueño que se pierde es el mismo que un día nos hizo felíz.
Misma lágrima en un mar distinto,donde la sal es infinita y sin embargo aún resta algo de amor que nos revive y en el fondo aún nos deja respirar.
En un mundo imprescindible,el genio deslumbra imagen en una opaca pared oscura.
La incertidumbre del hombre es pérfida y evolutiva,tal elocuencia lleva al exilio de las ideas y los mareos pasajeros pierden razón;cuál anciano que lleva relatos en huellas de yeso al olvido de una raza tan insana.
Preferible la guerra ante que la masacre obsesiva de la envidia,los celos y la codicia.
Saltos congelados en el aire, sincronía radiante del ego profundo en una tierra árida de carroñeros errantes que promulgan sacrilegio en un acto de dolor.
La raza que nos une es la sangre que nos separa,la mano que golpea es la misma que acaricia y el sueño que se pierde es el mismo que un día nos hizo felíz.
Misma lágrima en un mar distinto,donde la sal es infinita y sin embargo aún resta algo de amor que nos revive y en el fondo aún nos deja respirar.