Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Me dices “atrevido” y algo me hierve adentro, como si un fuego nuevo decidiera encender mis pulmones. No es soberbia, es el vértigo de querer comerse el mundo a dentelladas. Ser atrevido es decirle a la tristeza: “Ya bájale,” y lanzarse a contradecir el miedo con las manos desnudas.
Escribo estas palabras con el descaro de quien no se guarda nada en los bolsillos, porque prefiero vivir sin quedarme con la sed atrapada en la garganta. El ansia me carcome y me sostiene, igual que la luz cuando perfora los cristales.
Si acaso te asusta mi manera de brincar cada frontera, entiende que lo hago para sentir el aire despeinándome las dudas. Ser atrevido es un acto de fe en la piel y en los latidos, una forma de querer volar aunque sea con los pies llenos de lodo. Y así, con la voz temblorosa, con el corazón demasiado grande, me arrojo a la vida sin pedir permiso.
Dicen que el atrevimiento es orgullo, pero a mí me parece hambre: hambre de besos, de risa, de voltear la esquina y encontrar un incendio nuevo. Allí me quedo, en la hoguera, llamándote a gritos, esperando que tu silencio tiemble ante el sonido de mis ganas. Y si el mundo me exige que me aquiete, yo, con la boca llena de futuro, le contesto que no sé caminar despacio.
Escribo estas palabras con el descaro de quien no se guarda nada en los bolsillos, porque prefiero vivir sin quedarme con la sed atrapada en la garganta. El ansia me carcome y me sostiene, igual que la luz cuando perfora los cristales.
Si acaso te asusta mi manera de brincar cada frontera, entiende que lo hago para sentir el aire despeinándome las dudas. Ser atrevido es un acto de fe en la piel y en los latidos, una forma de querer volar aunque sea con los pies llenos de lodo. Y así, con la voz temblorosa, con el corazón demasiado grande, me arrojo a la vida sin pedir permiso.
Dicen que el atrevimiento es orgullo, pero a mí me parece hambre: hambre de besos, de risa, de voltear la esquina y encontrar un incendio nuevo. Allí me quedo, en la hoguera, llamándote a gritos, esperando que tu silencio tiemble ante el sonido de mis ganas. Y si el mundo me exige que me aquiete, yo, con la boca llena de futuro, le contesto que no sé caminar despacio.